Muchas personas hoy en los más diversos contextos se preguntan: ¿Por qué no soy libre?, ¿Por qué no soy feliz?, trabajo, estudio, tengo una hermosa familia, tengo una relación que todos quisieran tener. Ante estos cuestionamientos, es posible que la tristeza o la impotencia embarguen aquel que se interroga por ellos, simplemente porque no puede encontrar respuestas.

Propongo un camino para dar respuestas a las preguntas anteriores: es el camino espiritual. Reflexiones concretamente en este momento sobre el pecado no como una acción mala, sino como el cerrarse al amor de Dios, es decir, por un lado cerrarme a que Dios me conozca y por otro, cerrarme a la acción que Dios tiene para conmigo, su obra de Salvación y quizás en esto radique la cautividad y la infelicidad.

Dios padre a través de Jesús nos hace una propuesta que busca hacer pleno al ser humano en sus dimensiones como ser integral, en otras palabras, persigue hacerlo libre y feliz; pues en la infinita sabiduría del Todopoderoso para esto fue creado el hombre y la mujer. Sin embargo, no siempre el ser humano acepta y más aún opta por este camino. Cuando le da la espalda se ve de frente con lo que se llama pecado, esto es, rechazar la propuesta de libertad y felicidad de Dios.

Veamos las razones por las cuales nos cerramos al amor de Dios y más aún somos cautivos e infelices, para esto vallamos al libro del Génesis, aquí aparecen una características del pecado.

Tres características del pecado Génesis 3, 6.12

• V6 “a la mujer le gustó ese árbol que atraía la vista y que era tan excelente para alcanzar el conocimiento. Tomó de su fruto y se lo comió y le dio también a su marido que andaba con ella, quien también lo comió.” Engañoso, atractivo, inofensivo, no se presenta como realmente es. Hay necesidad aquí de recordar un refrán popular: “no todo lo que brilla es oro”. Esta es una invitación a ir más allá de las apariencias, pues sin duda de ahondarse un poco más se descubrirá lo esencial, es decir, lo superfluo del momento.

Insatisfacción a la larga, el pecado produce un tipo de placer que no dura, sino unos instantes y cuando se acaba el goce momentáneo, viene la insatisfacción y los mea culpa, pues es posible que se experimente vacío y sin sentido.

• V12 “El hombre respondió: la mujer que pusiste a mi lado me dio del árbol y comí.” No deja asumir la responsabilidad, el pecado nos pone en la tarea vergonzosa de buscar culpables, por ejemplo, el varón infiel argumenta que su falta es producto de lo llamativas que son las mujeres y viceversa.

Si por un instante, nos detuviéramos con cabeza fría y tranquilidad a evaluar la propuesta de Jesús, la cual radica en hacer hombres y mujeres libres y felices en plenitud no a medias como el pecado, seguramente optaríamos en mayor medida por Jesús y su propuesta de vida.

¿Por qué no soy libre y feliz? se titula la presente reflexión, pues desde una visión particular, el pecado no ofrece libertad y felicidad, sino unos monigotes de estos. Mientras que la obra de Dios en Jesús, hace hombres y mujeres plenamente felices y libres, porque encontraron quien da sentido a sus vidas. Te invito a que en día de hoy te abras a la experiencia de Jesús y versas cómo tu vida empieza a ser trasformada.