Todo nuestro pecado nos ha sido borrado por Jesucristo.
Dice san Pablo: “Por medio de Él reconcilió consigo todas las cosas,
así las que están en la tierra, como las que están en los cielos,
haciendo la paz mediante la Sangre de la Cruz.

Todos ustedes han sido reconciliados por la Sangre de Cristo.
No tengan angustia de sus pecados: han sido borrados en la Sangre de Jesús.
Pero Él quiere nuestra conversión total, nuestra liberación del pecado,
la nueva vida en el Espíritu Santo.

Nuestra breve vida empleémosla en cumplir estrictamente el Evangelio.
En seguir a Jesucristo, en aceptarlo, en hacer algo tan bello, tan modesto,
que nuestro nombre sea inolvidable porque amamos,
porque construimos, porque proclamamos a nuestro infinito y adorable Maestro.

Rafael García Herreros