Cómo me gusta veros, Divino Maestro,
bajo la imagen del buen Pastor.
Enséñanos a conocer mejor
los sentimientos de vuestro Corazón.

¿Me queréis Divino Maestro?
¡OH! decidme que sí;
e inmolándoos todo mi ser,
os seguiré hasta la muerte.

Seré vuestro cordero fiel,
siempre dócil a vuestra voz.
No seré rebelde,
incluso cuando hay que llevar la Cruz.