Dice el Siervo de Dios padre Rafael García Herreros que “todo, en una verdadera vocación, es admirable y libre. Las trazas que tiene Dios para apoderarse de un alma y ponerla a su servicio integral son siempre originales. No hay duda de que el momento más extraordinario de un hombre es el instante supremo en que le dice «sí» a Dios para siempre” (Sacerdotes de Jesucristo).

Esta frase me ha impactado profundamente en estos últimos días en los que, como Delegado de la Pastoral Vocacional de El Minuto de Dios, he podido compartir la vida con jóvenes de diferentes partes de la geografía nacional. ¡Jóvenes esencialmente buenos! ¡Jóvenes con una experiencia profunda y personal de Jesucristo! ¡Jóvenes que viven su espiritualidad en la cotidianidad de sus vidas! ¡Jóvenes que se han sentido amados una y otra vez por Jesús! ¡Jóvenes humanos como usted y como yo!

Usted que lee probablemente me refute y me conteste que no ha sentido que Jesús le ame una y otra vez. Ha sentido que, por el contrario, parece que el Señor se ha olvidado de que usted existe y no ha vuelto a favorecerlo. O probablemente esté esperando una intervención sobrenatural de Jesús para poder creer en él. ¡Y podría esperar esta intervención! Al fin de cuentas creemos en un Dios para quien todo esto es posible. Pero yo le invito a que lo contemple de otras maneras: sienta cómo el Señor le susurra a lo íntimo de su corazón, silencie todas las cosas que le atormentan y que no le permiten entrar en la verdadera intimidad de Dios, renuncie a todo aquello que pasa. Usted podría perfectamente ser el dueño del mundo, pero algún día terminará ese poder. Piense en aquello que no pasa: piense en Dios, apuéstele a lo divino, apuéstele a lo bondadoso, deje huella en el mundo haciendo el bien.

Estos jóvenes nos han dado una gran lección, tanto a usted como a mí: han decidido priorizar la Voluntad del Señor sobre sus vidas. No sabemos quiénes serán admitidos por el Padre Provincial, pero desde ya podemos deducir que será el Espíritu Santo quien los separará para él, en cualquier vocación. Alguno podría decir: ¿A ese eligió el Señor? ¿Ese tan pecador? ¿Ese tan falto de divinidad? Le recuerdo que el Señor llama lo sencillo ante el mundo, nos llama a nosotros los pecadores para hacernos santos, llama lo imperfecto para que sea perfecto.

Así que le animo a que se deje amar una y otra vez por Jesús. Si ya siente ese amor divino que lo consume, descubra cada día la novedad de ese amor, es decir, déjese sorprender por el Señor a cada momento.