La vida es el don más valioso y delicado que Dios nos ha otorgado desde que sopló su aliento sobre nosotros, pero a veces dejamos que la rutina, las dificultades y muchas otras circunstancias finalmente » pasajeras» opaquen su valor.

 

Así como en la vida terrenal hay momentos en en los que nos encontramos al filo del peligro, incluso del fin, porque en un segundo la vida nos cambia; podemos dejar de ser como somos, podemos ver frustrados nuestros proyectos, sufrir un accidente, o podemos partir repentinamente.

 

Así también, pasa en la vida espiritual, en un segundo le quitamos el primer lugar a Dios, a la verdadera vida, nos ocupamos totalmente del trabajo, asumimos más compromisos académicos, familiares, etc, y morimos,  no dialogamos con el amor, dejamos de alimentar nuestra alma y nuestra fe con la luz de su palabra.

 

Pero…Dios en su infinita misericordia lucha cada día por nosotros, nos invita a tomar conciencia de que nuestra vida necesita un balance espiritual y físico, nuestro corazón necesita ser lleno de su presencia, que alienta el espíritu, ilumina el camino, que apasiona con el  poder del fuego del Espíritu Santo y nuestro cuerpo necesita del alimento material.

 

Aprovechemos que hoy estamos vivos, y podemos apartar unos segundos vitales, para buscarlo, para dialogar, para escribirle, para preguntarle ¿qué me estás diciendo tu palabra, en estas circunstancias por las que atravieso? ¿qué me pides Jesús en esta situación?

 

Acerquémonos, abandonemonos en él y en su perfecta voluntad, contemplemos en la naturaleza e incluso elevemos nuestras súplicas por otros hermanos,  porque «Dios tiene siempre misericordia de quienes lo reverencian» Lc 1, 50.