Una de las prácticas más olvidadas en la Cuaresma es la de dar limosna, porque siempre se piensa que se trata de dar monedas o lo que nos sobra en nuestras casas, pero realmente la invitación que nos hace Dios es a dar una ofrenda generosa de lo que nosotros podamos ofrecer y compartir con las personas necesitadas.

Nos dice Mateo en su Evangelio en el capítulo seis: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.”, este primer apartado nos invita a no buscar el reconocimiento de los demás cuando realicemos las obras de misericordia que Dios coloca en nuestro corazón, a no hacer simplemente beneficencia, es decir, dar para recibir algún reconocimiento social o personal, sino que en lo profundo de la persona debe salir el deseo de ayudar al prójimo, al que más lo necesita.

“Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.”, en este segundo apartado profundiza en la necesidad que hay de no vanagloriarse de lo que se hace cuando se trata de ayudar a alguien, hay mucha gente que se sirve de esto, hay empresas que lo hacen a través de sus fundaciones solo para la reducción de impuestos, pero también lo hacen personas particulares para tener un reconocimiento social, no hay que hacer mucho ruido, solo hay que servir con el deseo de que las personas necesitadas puedan recibir la ayuda idónea, y no me refiero solo a dinero, comida o elementos personales, también me refiero al cariño y al reconocimiento que en su dignidad muchos pobres necesitan.

“Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”, finalmente no es necesario que todos sepan que ayudas, solo has el bien sin mirar a quién beneficias, en Cuaresma y en todo tiempo es propicio desprenderse de sí mismo para ayudar, para darle una mano al que no puede levantarse fácilmente, es la tarea de un cristiano a ejemplo de Jesucristo darse por entero y compartir todo lo que pueda.
Cómo se ha dicho en otros momentos, dar limosna no es dar las moneditas que nos sobran y que por insistencia damos a los que nos la solicitan, es mucho más que eso, es reconocer que Dios Padre y Jesucristo el Señor constantemente nos brindan sus bendiciones, que bueno sería poder compartirlas con aquellos que desconocen el amor misericordioso de Dios, porque seguramente tú puedes ser el que les reveles a Dios, tal vez seas como dice San Juan Eudes, el quinto evangelio que ellos puedan leer a través del testimonio de un corazón agradecido por la bondad de Dios.

Da la mejor limosna que puedas dar, tu propia existencia en servicio de los más necesitados y excluidos de la sociedad en la que estamos, que es indiferente ante la necesidad y el dolor de los hermanos, que muchas veces juzgamos por cómo viven, pero no somos capaces de ayudarles a mejorar su modo de vida, y reitero no se trata solo de lo material, sino de lo que hay dentro de nosotros, el don del Espíritu para compartir la vida en abundancia que se nos da a manos llenas de parte de Dios.

Revisemos nuestras despensas físicas y espirituales, para compartir con quienes lo necesitan en esta Cuaresma, pero que en todo tiempo es necesario y vital para instaurar el Reino de Dios en nuestras vidas y en las de los hermanos necesitados.