Dionisio II era un rey que gobernaba la ciudad de Siracusa, varios siglos antes de Jesucristo. Aunque Dionisio lo tenía todo, era infeliz, ya que debido al ejercicio de su poder creó toda suerte de enemigos.

Un día un cortesano todo “chupamedias” llamado Damocles, empezó a adular con cierta “mala leche” al rey Dionisio, diciéndole tonterías como: “que chévere debe ser vivir como tú vives”.

Esta actitud fastidió al rey quien le propuso a Damocles: “si quería ser rey por una noche”. Obviamente el chupamedias aceptó y el rey le preparó una súper fiesta con comida, trago, perfumes, esclavos y mujeres vírgenes para que le sirvieran.

La rumba estaba muy «divertida» y Damocles estaba dichoso, pero estando sentado en el trono dorado del rey, notó que apuntando sobre su cabeza, colgaba una afilada espada, la cual estaba sostenida desde su empuñadura por una delicada crin de caballo.

Fue tal el susto de este tipo, que la borrachera se le pasó de una, le pidió perdón al rey delante de toda la corte y sólo dijo que “ya no quería ser tan feliz”. Damocles entendió que no tenía por qué envidiar al rey, quien pagaba un alto precio a cambio de esa vida “ tan feliz”.

(¡Los términos: “colgaba de un hilo” y “espada de Damocles” provienen de esta leyenda moral!)

En conclusión: ¡“Tal vez tus zapatos o los de otro me parezcan bonitos, pero si yo me los pongo y no me quedan, me van a molestar los pies”! 😎