Algunas personas se preguntan: ¿cómo orar?, ¿cuál es el mejor método para que Dios me escuche?, ¿qué palabras tengo que utilizar? y un sin número de inquietudes que van en la misma tónica surgen referente al tema de la oración. Quiero en este momento que meditemos sobre tres pasos que estoy seguro serán útiles para la oración.

1. Apertura al Espíritu Santo: “el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza” (Rm 8, 26) En el momento de la oración no estamos solos aunque la hagamos en una Iglesia vacía de gente, o en nuestra habitación. En todo instante podemos contar con la presencia del Espíritu Santo. Si dices: ¡Ven Espíritu Santo! te necesito en mi vida, ayúdame a orar porque solo no puedo… No dudes entonces que él vendrá en tu ayuda para enseñarte a orar, más aún para orar contigo.

2. Reconocer nuestra necesidad “Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene” (Rm 8, 26b) El segundo paso para orar es reconocer la necesidad que tenemos en nuestra vida de la novedad que da el Espíritu Santo. Si le llamamos e invitamos a orar junto con nosotros de seguro la oración será fresca y renovada. Ese diálogo con Dios Padre en el Espíritu Santo nos llevará a la transformación interior y exterior de nuestro ser.Por eso deja que su poder te invada totalmente.

3. Aceptar la ayuda: “mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rm 8, 26c) Es posible que durante la oración fluyan a través de tus labios palabras que tú ni te imaginabas, también es posible que ores por intenciones que no tenías presente, adicionalmente otro signo que el Espíritu Santo está actuando en ti es la convicción, es decir, no dudas del poder Dios sobre lo que pides.

Estos tres pasos para tu oración la ayudaran a que se convierta en un espacio de crecimiento sin igual. Dios te guarde.