La Fiesta de la Transfiguración del Señor cómo celebración nos da la posibilidad de reflexionar sobre varios aspectos: el tomar consigo a Pedro, Santiago y Juan llevándolos aparte a un monte alto, la aparición de Moisés y Elías conversando con Jesús y la voz del Padre que declara que Jesús es su Hijo Amado, que hay que escucharlo.

Mucho se ha dicho de la escogencia de Pedro, Santiago y Juan por parte de Jesús a subir al monte alto, algunos afirman que es el Tabor, eso aquí no es lo importante. Muchos han expresado que es por ser los predilectos de Jesús, pero podría pensarse también que estos discípulos y luego apóstoles correrían la suerte similar que su Maestro.

Pedro aunque lo niega va a ser el líder de la Iglesia naciente en Jerusalén e inicia su misión anunciando a Jesús Vivo y Resucitado primero a los judíos y luego a los gentiles, su muerte es idéntica a su Señor, sólo que éste lo va a hacer en forma inversa, con los pies hacia arriba y la cabeza hacia abajo; Santiago que al parecer no es el Zebedeo sino el llamado “hermano del Señor”, que junto a Pedro serán cabezas de la Iglesia de Jerusalén, él cuál es muerto a espada, y finalmente Juan el apóstol que algunos lo asocian con el escritor del Apocalipsis seguramente también sufre el martirio por anunciar a Jesús.

Hoy como creyentes esta invitación tiene que descubrirse como la posibilidad de seguir auténticamente los pasos del Señor en sus momentos de sufrimiento para poder llegar a la Gloria, la Cruz es signo presente de la Gloria de Jesús, para llegar a ella hay que pasar por la cruz.

En un segundo momento los discípulos contemplan a Jesús que se transfigura y entra en conversación con Moisés y Elías, ¿por qué con ellos? Moisés representa la Ley dada por el Padre Yahvé en el Sinaí, que es el principal deseo de Dios que se le ame a Él, al prójimo y a nosotros mismos; Elías representa a los profetas mensajeros de Dios que llenos de ardor y pasión anuncian y denuncian todo cuanto Dios coloca en su interior.

Jesús es el nuevo Moisés ya que en él está la nueva Ley, las bienaventuranzas, que es la explicitación de lo que en la Ley el Dios Padre ha pedido al pueblo de Israel y hoy a todos los creyentes; pero también Jesús es el nuevo Elías o el profeta que viene directamente de Dios para dar a conocer la Voluntad del Padre para la humanidad.

Finalmente cuando los apóstoles se sentían tan cómodos en esa experiencia, que no querían bajar de allí, el Padre interviene para sellar este encuentro revelador con su afirmación: “Este es mi Hijo amado, escuchadle”, el Padre atestigua y sella por si alguna duda existe que Jesús de Nazaret es su Hijo el Enviado por Él para la salvación y redención de la humanidad.

Esta experiencia de revelación que viven Pedro, Santiago y Juan es también para que los creyentes en su presente puedan subir al monte alto, es decir, buscar la intimidad con Dios en la oración, permitiéndole que se revele en la Ley y el Evangelio de Jesús que nos anuncia el Reino de Dios, para que renunciando a las comodidades y apegos personales, se de testimonio del obrar de Dios y de su gran misericordia.

Estamos invitados a transfigurarnos, es decir que Dios se revele en nuestra vida y nos conduzca por el camino auténtico de la salvación y la redención, que también nos lleva a enfrentar las dificultades en la fe, todos somos escogidos y llamados para esto, somos los hijos de Dios que vivimos la cruz para llegar a la Gloria de la Resurrección.