Soy Gloria Isabel Velasco, tengo 43 años, de profesión docente de primaria; crecí en un hogar católico, teniendo a Dios presente en mi vida, con el paso de los años era católica de palabra, porque comenzaron a tener prioridad otras cosas, como la universidad, el trabajo, las ocupaciones, Dios solo de palabra pero no en un verdadero sentir.

Hace diez años nos enfrentamos a la enfermedad de mi papá, un cáncer muy agresivo que doblegó a un hombre fuerte a una cama por muchos meses, Dios fue nuestro soporte, para él su fortaleza en un momento tan difícil y doloroso. La misericordia de Dios lo ayudó a tener calma y paciencia frente a su enfermedad, tuvo tiempo de arrepentirse de perdonar y pedirle perdón a él, que triste fue verlo partir.

Once meses después perdí a mi hija, una bebé de cuarenta semanas de gestación, que doloroso, pero nuevamente, Dios me dio la fortaleza para seguir adelante, para tener la confianza nuevamente de pedirle a él, que si su voluntad era tener otro hijo, él me lo enviaría o yo aceptaría su voluntad, así fue, llego mi hijo Gabriel año y medio después, sin ninguna complicación, es el mayor regalo que me ha podido dar Dios, con esa experiencia mi actitud de agradecimiento ha sido a diario, pude comprender la grandeza de Dios y su amor infinito por mí, a pesar de mis errores.

Hace año y medio me incapacitaron por mi voz, la cual estaba muy lastimada, ese primer tiempo lo tomé como un regalo de Dios, después de veinte años continuos de trabajo, sin embargo, el proceso de incapacidad siguió avanzando, todo concluyó en una pensión por invalidez, el retiro de mi trabajo y un cambio drástico a nivel económico, hizo que en algunos momentos sintiera angustia, pero en ese silencio y la soledad de estar en mi casa, me llevaron a buscar un acercamiento más profundo con Dios.

Él que ha sido tan maravilloso, me guió a encontrar la Emisora Minuto de Dios hace unos seis meses, a través de su programación pude encontrar muchas respuestas a ese vacío, que en ocasiones sentía a nivel espiritual, pues a pesar de estar con Dios, tenerlo siempre presente en mi vida, hoy me doy cuenta que aún me falta mucho por aprender en ese proceso de conversión y formación espiritual.

Reviso y he sido muy bendecida con una bella familia, con salud (a pesar de mi incapacidad), una profesión y prosperidad. Ahora este reencuentro con Dios me ha permitido entregar todo a él con plena confianza y con el ánimo de descubrir cuál es su propósito en mi vida.

Cada día aprendo a escucharlo y a dejarme llevar de su mano.