Tantas veces podemos leer la parábola del Buen Samaritano, y seguramente nos cautive, nos renueva los sentimientos, pero, cuándo vamos, de una vez por todas, a entender que no siempre somos el herido al borde del camino.

El prójimo no puede quedarse en el «hermano», tenemos que tener una mirada más desde Dios, y saber que el prójimo es el otro, sin clasificar, como lo hace Jesús, para quien el prójimo es el necesitado, el desvalido, sin mirar su raza, si es amigo o enemigo.

¿Cuándo vamos a comprender que Jesús nos revela la esencia del Reino en parábolas, y que esa esencia es el amor a Dios expresado en el amor al otro?

Tantas veces queriendo mostrarnos como los buenos, somos superados por los que etiquetamos de malos. Tal vez pasamos mas tiempo esperando ser tratados como prójimos y no hemos querido ser Samaritanos, de esos que sienten compasión, que se acercan, que sanan las heridas.