Vemos dos acciones, una de Jesús que es soplar sobre la comunidad de discípulos y la otra la de los discípulos que es recibir el Espíritu Santo. Reflexionemos en cada una.

1. "Sopló sobre ellos"

Jesús realiza una acción simbólica que muestra el comienzo de la nueva creación, porque en Gn 2,7 se muestra que Dios “formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida” y vuelve a afirmarse en Sab 15,11 cuando señala que Dios al hombre “le infundió un espíritu vivificante”. De manera que el “soplo” que realiza Jesús sobre sus discípulos muestra el comienzo del nuevo hombre y, por tanto, se da inicio al nuevo pueblo de Dios, sobre el cual profetiza Ezequiel diciendo: “Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan” (Ez 37,9), y de inmediato “revivieron y se incorporaron sobre sus pies” (Ez 37,10). En este “primer día” comienza y se prolonga hasta la plenitud el tiempo mesiánico.

El “soplo” de la nueva creación, que da origen al hombre nuevo y al nuevo pueblo de Dios es el Espíritu Santo quien confirma e inaugura la nueva alianza. Además el envío necesita hombres nuevos que construyan una comunidad que da testimonio del Resucitado, como cuando hablan a Tomás y le dicen: “hemos visto al Señor” (v.24), de igual manera María Magdalena una vez que tiene el encuentro con el Señor Resucitado cuenta que lo había visto (v.18), y se espera que aquellos que crean en Jesús den testimonio que Él es “el Cristo, el Hijo de Dios” (v.31).

2. "Reciban el Espíritu Santo"

La evocación inicial de la presencia del Espíritu es el cumplimiento de la nueva alianza señalada por el profeta Ezequiel señala de parte de Dios: “infundiré mi espíritu en ustedes y vivirán; los estableceré en su suelo, y sabrán que yo, Yahveh, lo digo y lo hago” (Ez 37,14); de manera que comenzará el nuevo pueblo renovado, vivificado y establecido por la acción del Espíritu de Dios. También en Ez 36,26-27, se manifiesta la promesa en la que Dios va a dar al pueblo “un espíritu nuevo” que es el Espíritu de Dios: “infundiré mi espíritu en ustedes”, con la intención de crear un pueblo con un “corazón nuevo” dócil a la voluntad de Dios y dispuesto a dejarse crear por Él. Señala el P. Salvador Carrillo que Jesús “comunica el Don del Espíritu Santo como fruto de la obra salvífica que el Padre le había encomendado: 4,34; 6,38-40; 17,4; 19,30”. De manera que se cumple otra promesa del Señor a sus discípulos.

Juan Bautista había dado testimonio (1,32.34) en el que señala un mensaje divino: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo” (1,33), de manera que es Jesús quien tiene la misión de sumergir en la experiencia del Espíritu de Dios.

Jesús ha prometido el Espíritu y cumple en dos momentos, vamos:

* El primer cumplimiento de la donación se realiza cuando Jesús termina su misión muriendo en la cruz: “e inclinando la cabeza entregó el espíritu” (19,30). La obra de Jesús se ve completada con la salvación del pecado y de la muerte, la máxima manifestación del amor de un amigo, la entrega de su vida al Padre y la comunicación el Espíritu Santo que había recibido. Señala Juan Mateos: “el Espíritu que Jesús entrega es el fundamento de la nueva alianza; Él realiza el reino universal y constituye el nuevo pueblo (19,25-27)”. De esta manera se completa la creación del hombre nuevo anunciado a Nicodemo (3,6), pero con la proyección de amar como lo hace Jesús (13,34; 15,12) para formar el nuevo pueblo de Dios. Podemos ver que el primer cumplimiento de la donación del Espíritu está uniendo la creación, la alianza, la pascua que ahora empieza su plenificación.

El evangelista Juan añade a la muerte de Jesús “que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua” (19,34). El cuerpo de Jesús se ha entregado totalmente, ha sido herido en las manos, en los pies y en el costado y de allí sale “sangre” que puede significar: el Cordero que ha sido sacrificado para quitar los pecados (1,36), la apertura a la vida plena (6,45-54), el alimento vivificante (6,55), el principio de unidad entre Jesús y el creyente (6,56), la primicia de la resurrección (6,54), Carrillo señala “el ofrecimiento del sacramento de la Eucaristía, fuente de vida eterna y de unión mutua, y arras de la futura resurrección gloriosa”. También sale “agua” del costado de Jesús, que puede significar directamente al Espíritu Santo con el que es bautizado el Maestro (1,31-32), que promete Jesús como el nuevo nacimiento del agua (3,5.8), al mismo tiempo que fue prometido a la Samaritana (4,10.23) y que en 7,39 será entregado como agua cuando Jesús sea glorificado. Carrillo señala que el agua “hace referencia tácita al bautismo cristiano”.

* El segundo cumplimiento ocurre el primer día se la semana, cuando Jesús Resucitado se presenta a los discípulos y después del simbolismo del soplar les dice: “reciban el Espíritu Santo” (20,22). Jesús muestra las heridas de las manos y el costado, por donde ha salido sangre y agua, da la misión con la autoridad del Padre, sopla sobre ellos para que asuman su nueva naturaleza y vayan con la fuerza del Espíritu Santo, ese mismo que salió de su costado y que fue prometido como “ríos de agua viva” (7,38). Jesús inaugura la época del Espíritu que conducirá a la plenitud la misión de sus discípulos una vez más consagrados al Padre (17,17-18) por la acción del Paráclito. Ahora es el Espíritu que realizará todo a través de la comunidad de discípulos: dará testimonio de Jesús, los conducirá a la verdad completa, les enseñará cosas nuevas, les recordará las enseñanzas del Maestro, vivirá en y con los discípulos, les dará seguridad frente al mundo, velará por que todo se haga para la gloria del Señor.

Podemos concluir que:

* Estamos viviendo en la época del Espíritu Santo que nos conduce a vivir a Jesús Resucitado.

* La misión de evangelizar, perdonar y comenzar una nueva creación se desarrolla con facilidad bajo la acción del Espíritu Santo en nosotros.

* Debemos recibir el Espíritu Santo, el regalo de Jesús Resucitado, para que nuestra vida se llene del dinamismo divino y realice acciones maravillosas.