En esta semana, el 08 de febrero, celebramos como Eudistas la Solemnidad del Corazón de María. En ocasiones podemos caer en el riesgo que estas celebraciones se constituyan únicamente en un momento de celebración específico y no en una vivencia diaria y concreta de lo que la fiesta nos indica. Por eso en este escrito queremos proponerles dos enseñanzas que nos puede dar en la actualidad la celebración del Corazón de María:

Primera enseñanza: tener un profundo amor a Dios

El corazón es el símbolo del amor: cuando dibujamos o enviamos un corazón no solo lo hacemos para recordar el órgano vital (signo), sino que implica algo más profundo (símbolo) y es el amor. Lo mismo sucede cuando queremos recordar el amor de Dios: pensamos en una imagen de un corazón. Por eso, celebrar el Corazón de María en realidad es celebrar el amor, el amor de Dios. Dice san Juan Eudes que cuando recordamos el Corazón de la Madre de Dios en realidad estamos pensando en aquella que “nunca ha amado nada fuera de Dios y lo que Dios quiso que amara en él y por él”. Y esto lo ha hecho no solamente porque Dios quería, sino porque ha encontrado en ello su gozo y felicidad. Por eso, esta primera enseñanza nos lleva a amar profundamente a Dios, pues en esto debemos encontrar nuestro gozo y nuestra plenitud.

Segunda enseñanza: tener un profundo amor a los hermanos

Recordemos nuevamente a san Juan Eudes al respecto: “El Corazón de María es todo amor por nosotros. Ella nos ama con el mismo amor con que ama a Dios porque es a él a quien mira y ama en nosotros”. ¡Qué gran enseñanza! El amor profundo a Dios debe llevarnos a descubrirlo y a visualizarlo en todos los hermanos. Esta es como la síntesis de la Espiritualidad Eudista: ¡Somos Cristo que vivimos y caminamos en la tierra! Por tanto, la segunda enseñanza nos ayuda a reflexionar sobre la importancia y los compromisos adquiridos si decimos amar a Dios: verlo en todos los hermanos, especialmente en quienes sufren y en quienes no son de nuestro agrado. El desafío para el cristiano no es tanto ver a Dios en quienes amamos, sería muy fácil. El desafío es verlo en aquellos que nos caen mal o que tratan de hacernos mal y en quienes no amamos.

Y tú qué lees, ¿vives a plenitud el amor de Dios?