Si alguna vez te han preguntado ¿qué es la comunión de los santos?, probablemente las palabras no encajaban o en el peor de los casos no sabías que significa.

Si partimos desde nuestra doctrina podemos decir que se refiere a la comunión que tiene todo cristiano con las cosas santas, es decir los bienes espirituales que se comparten; tenemos claro que entre creyentes compartimos la fe, los sacramentos, los carismas. Sabiendo siempre que la base fundante de estos bienes es la caridad, la cual nos impulsa a buscar un bien común, y poner lo que se tiene espiritualmente e inclusive materialmente al servicio de los más pobres.

En ocasiones creemos que lo que Dios nos ha regalado es sólo para pasarla bien y crecer ante los ojos de los demás; olvidamos que además de tener el privilegio de ser instrumentos de Dios, también tenemos en primer lugar una responsabilidad con lo que Dios nos ha regalado. No tiene ningún mérito llenarnos de cosas espirituales si eso no ayuda a los demás.

Dios no regala los dones para ufanarnos por tenerlos; recuerda siempre que al que más tiene más cuentas se le pedirá y si no supo utilizarlas (prójimo) aun lo que creía tener se le quitará. Esta postura también se debe practicar con los bienes materiales, porque si no sólo seremos personas con muchas cosas pero no personas bendecidas.

Pero la comunión de los santos no sólo hace referencia a las cosas santas, también es la comunión con las personas que han muerto y resucitado con Cristo. En este caso, la iglesia sostiene que existen tres estados en ella: “unos viven aún peregrinos en este mundo; otros, ya difuntos, se purifican; otros, finalmente, ya gozan de la gloria de Dios, es decir, ya contemplan a Dios cara a cara, tal cual es”. Quienes permanecen en este mundo pueden orar por quienes están en proceso de purificación, y quienes ya alcanzaron la gloria plena de Dios, pueden interceder por los otros. Estos tres grupos forman una sola familia de cristianos que se unen en alabanza a Dios. Se nos dificulta a menudo creer que podemos orar por otras personas y más si han muerto, pero recordemos que no han muerto, ya que alcanzaron la vida en Cristo.

Recordemos siempre que somos un solo cuerpo y Cristo es la cabeza, no creas que no eres importante, tú al igual que cada creyente eres importante en este cuerpo. Probablemente algunos crean que por no predicar, escribir, salir en público o hacer tantas cosas visibles les quita el “privilegio” de ser parte de este cuerpo. Si te sientes menos que otros hoy, déjame decirte que es un error, y si eres de aquellos que se creen “la mamá de Dios”; no olvides que el primer lugar ya se encuentra ocupado y se llama Cristo. De ahí hacia abajo todos somos igual de importantes ante Él.