Hoy recordemos a un hombre que a raíz de su opción de vida fue santo, lo cual le trajo no sólo aplausos sino también vicisitudes. De ser hijo de un rico comerciante de la ciudad en su juventud, pasó a vivir bajo la más estricta pobreza y observancia de los Evangelios. Su vida religiosa fue austera y simple, por lo que animaba a sus seguidores a hacerlo de igual manera. Tal forma de vivir no fue aceptada por algunos de los nuevos miembros de la orden mientras ésta crecía; aun así, no fue reticente a una reorganización. Es el primer caso conocido en la historia de estigmatizaciones visibles y externas. Fue canonizado por la Iglesia católica en 1228, y su festividad se celebra el 4 de octubre. Es conocido también como il poverello d’Assisi (“el pobrecillo de Asís”, en italiano).

Imagino que ya sabemos de quien se trata, además de ello en la actualidad nuestro Papa nos lo recuerda siempre con sus actitudes públicas de vivir. San Francisco por aferrarse a su seguimiento a Cristo, no sólo tuvo que desprenderse de sus bienes materiales, lo cual le ocasionó una gran molestia con su padre, tanto así que lo encadenó y lo encerró en un calabozo; pero al ver la oportunidad la madre de Francisco lo liberó y ella tuvo que enfrentar la furia de su esposo.

“Su padre le reprendió severamente, tanto que lo encadenó y lo encerró en un calabozo. Al ausentarse el airado padre por los negocios, la madre lo libró de las cadenas. Cuando regresó, fue ella quien recibió las reprimendas del señor de la casa, y fue otra vez en búsqueda del muchacho a San Damián, pero Francisco se plantó con calma y le reafirmó que enfrentaría cualquier cosa por amor a Cristo. Pietro Bernardone, más preocupado por lo perdido de su patrimonio, acudió a las autoridades civiles a forzarlo a presentarse, pero el joven rehusó hacerlo con el argumento de no pertenecer ya a la jurisdicción civil, por lo que las autoridades dejaron el caso en manos de la Iglesia.Francisco se sometió al llamado de la autoridad eclesial. Ante el requerimiento de devolver el dinero frente a su padre y al obispo de Asís, de nombre Guido, no sólo lo hizo, sino que se despojó de todas sus vestimentas ante los jueces, proclamando a Dios desde ese momento como su verdadero Padre. Ante esto, el obispo lo abrazó y le envolvió con su manto”.

Quizá hoy quieras seguir a Dios y “abandonarlo todo”, pero tienes miedo a las consecuencias de ello. Lo que te digo es que no va a ser nada fácil, pero eso sí, siempre Dios va a protegerte y sostenerte en medio de lo que tengas que enfrentar.

Hay que ser claros que no se trata de un impulso de momento sin medir consecuencias, debes saber en qué te estás “enlistando” y si tienes personas que dependen de tu decisión te invito a reunirte con ell@s a evaluar dicha decisión. No es renunciar al trabajo y salir a predicar por las calles, debe ser un compromiso que no afecte negativamente la vida de los demás.

Dios tampoco quiere que olvides a tu familia, tus raíces; es por eso que primero empieza reconstruyendo aquel lugar que te vio crecer; ya que a veces somos como lo diría Pablo: “Luz del mundo y oscuridad de la casa”.

Imita a San Francisco llevando con tu vida el testimonio de Cristo, que tu seguridad no se encuentre apoyada en las cosas materiales y banalidades de esta sociedad. Reconoce a Dios en cada pequeña manifestación de vida y creación en la naturaleza, pero no olvides que Dios se encuentra en tu vida lo cual te debe empujara a valorar tu dignidad y contagiar mínimo una sonrisa a quien se acerca a tu vida.