Se acabó el vino y parece que se sigue acabando. El vino de la alegría que nos mueve a celebrar la unión de la familia, parece que se nos esta agotando.

La bella presencia de María en el calor de nuestro hogar puede ser la manifestación de la esperanza que no se agota, porque ella como buena madre, sabe las necesidades de sus hijos y puede acudir a Jesús para comunicar que ¡No tienen vino!

Que experiencia tan extraordinaria la de la boda del evangelio, con unos novios que terminan por no ser los protagonistas de la fiesta, sino que son María y Jesús.

María con su mensaje de “hagan lo que él les dice”, que sigue resonando en el hogar de tantas familias que tienes sus vasijas vacías. Ojalá y no seamos sordos a ese mensaje lleno de esperanza y convicción en que todo va a mejorar.

Jesús que nos invita a llenar las vasijas de agua, como un signo de purificación que necesitamos vivir también en cada familia, limpiarnos del egoísmo, del individualismo, del interés, para que surja el vino de la felicidad hasta el último momento, hasta el ocaso de la boda.

@pdeibysanchez