Suena ilógico muchas veces, que en un difícil momento alguien nos diga, “ten fe”, sin embargo, la fe aunque parezca intangible, o algo que no se vez, tiene un efecto eficaz y vivificador en quien la hace vida, capaz de realizar lo imposible, de obtener lo que parece perdido.

Creer es tener fe, quien cree con mente, corazón y voluntad, lo que pide se le realiza. Tener fe, es caminar sobre un oscuro camino, sabiendo que se encontrará la luz, es tener la certeza que tenemos un Dios que nos respalda, que logra lo imposible, que puede hallar la aguja en el pajar. Tener fe es poner toda nuestra confianza en aquel que nos creó. La fe es tocar con nuestras manos el triunfo aún sin haberlo recibido, aunque por medio de la fe es nuestro: “La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. Por ella fueron alabados nuestros mayores. Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece.” (Hebreos 11, 1-3).

La actitud de un cristiano que tiene fe es de esperanza, de alegría, de fuerte optimismo, que aunque se vea inmerso en el barro, sabe que saldrá de allí. El cristiano que tiene fe, si observa situaciones adversas, enfermedad, o crisis económica, sabe que todo lo va a superar, porque su garante es Dios, con quien trabaja y lucha con la certeza que obtendrá la victoria: “Pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.”( I de Juan 5, 4).

Si nos falta fe, viviremos en la desesperanza, en el escepticismo, en la sequedad, sin fe no tendremos garantía de nada, no podremos acercamos a Dios que es nuestro fiador, pues Èl es quien nos recompensa en respuesta a nuestra fe: “Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan.”(Hebreos 11, 6).

La fe es algo grande, poderoso, nos trae bendición, la gracia de la providencia divina, nos lleva a Dios, nos protege del maligno, de toda opresión, Dios es nuestro protector, la fe en Èl es nuestra defensa y nada podrá contra nosotros: “Embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.” (Efesios 6, 16).

Es importante tener fe, pero si no la demostramos con actos concretos de caridad, resultaría vana. Podemos creer, pero esta fe tiene que traducirse en objetivas obras de bondad, de caridad con el prójimo, de frutos auténticos de santidad, siempre con rectitud de intención de hacer lo correcto, demostrar que Jesús está dentro de nosotros, que somos sus seguidores: “Y al contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan. ¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril?.” ( Santiago 2, 18-20).

No perdamos la fe, sigamos adelante, luchemos, creamos en lo imposible, porque nuestro de Dios, es un Dios de victoria, de amor, de misericordia, de milagros incesantes, es un Dios personal que conoce a cada uno por su nombre.