Aún no recuerdo la primera vez que fui a una celebración de miércoles de ceniza y peor aún no recuerdo cuándo le encontré el sentido a la misma. Quizá al leer esto recuerdes que no fuiste a que te pongan la ceniza, y si te la pusiste no entendiste el sentido profundo que éste signo tiene.

Desde el siglo IV, se practica la imposición de cenizas sobre la frente de los creyentes. La ceniza simboliza la disolución del cuerpo luego de haber muerto, lo frágil que es la vida, la humildad y la penitencia. La imposición de la ceniza que se realiza sobre la frente o cabeza de los creyentes diciendo: “Conviértete y cree en el Evangelio”, “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”, entre otras fórmulas. La costumbre aquí plasmada se relaciona con el rito judío de cubrirse con cenizas al realizar, algún sacrificio; significando entre otras cosas, que lo material se acaba en algún momento.

En la actualidad el Miércoles de ceniza y el Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia, y se recomienda a los creyentes la abstinencia de carne los viernes de Cuaresma. El ayuno de comida para estos días ayuda a centrarnos en lo importante: Dios. Los niños, ancianos y enfermos están exceptuados de esta práctica.

A raíz de esto debemos saber aprovechar nuestra vida para enmendar las cosas malas que hemos hecho y hacer las buenas que dejamos de hacer.

Ya en éste signo estamos iniciando la cuaresma en la cual vale recordar que debes enfatizar en la ORACIÓN, LIMOSNA Y AYUNO.

Que esta cuaresma sea un motivo para poder reflexionar sobre tu vida y cómo la quieres llevar, pero que no sólo la quieras llevar con sentido por 40 días, sino más bien, que sea la preparación para la conversión de todos los días de tu vida. Lo cual implica que debes reflejar a Dios con los demás, y siempre iniciando con los tuyos (Familia).