En este mes cuando celebramos el día de la Mujer, como un reconocimiento a la lucha que ellas han tenido en la sociedad, mencionaré a una, con la cual Jesús de Nazaret se encuentra, y a partir de esta experiencia, su existencia es transformada, su manera de vivir es totalmente renovada, deja de ser una, que como muchas en la humanidad, se habían resignado a ser lo que la sociedad y su ámbito cultural les permitía.

Habló precisamente de la mujer samaritana, la que en el evangelio de San Juan, en el capítulo 4,7ss, se encontró con Jesús, junto al pozo de Jacob, comenzando un diálogo un tanto complejo, como suele suceder, cuando queremos hablarle a una de nuestro tiempo, que ha sido abatida por las realidades del mundo, esta mujer venía por agua a mediodía, bajo el calor inclemente, lo más común sería haber venido en horas de la mañana, pero había una realidad, no quería encontrarse con nadie que la conociera.

Pero se encontró con Jesús que le pide de beber, ella le recuerda que ni los judíos ni los samaritanos se trataban, a lo que él responde: “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de beber, sin duda que tú misma me pedirías a mí y yo te daría agua viva” (Jn 4,10), Jesús le hablaba de darle vida por medio de su Espíritu Santo, representada en el agua, él quería calmar su sed, llenar sus vacíos, como ahora también lo quiere y lo hace con cada una de las mujeres, que le abren su corazón y se dejan conquistar por él.

La samaritana después de escuchar a Jesús y dejarse enamorar por él, le pide que le dé, de esa agua que quita la sed, que renueva y refresca interiormente, empezó a salir de su resignación, Jesús le ofrecía una nueva vida, un nuevo camino, una nueva fuente inagotable de gracia y salvación, hoy también el Nazareno se presenta en la vida de todas aquellas mujeres, que independientemente de su situación y condición, él quiere refrescar y renovar su alma y su espíritu, que al mismo tiempo se reflejará en todo su ser.

Jesús le dice que vaya a su casa y busque a su marido, ella le responde que no tiene, él le afirma eso, pero además le dice que los cinco que ha tenido y él que ahora convive con ella, tampoco lo es, lo que le despierta en esta mujer, la seguridad que Jesús es un profeta que viene de Dios, que conoce su realidad, pero que no le importa, lo único que quiere es que ella descubra el amor inmenso de Dios por ella, que vale muchísimo.

Finalmente sale corriendo a contarle a la gente del pueblo, su impactante encuentro con Jesús de Nazaret, que le ha reconocido como ser humano, como mujer valiosa, con todas las posibilidades de ser y vivir mejor, ha creído en Jesús, ha puesto su fe en él; hoy también, y a lo largo de la historia, Jesús se ha encontrado con mujeres, que como la samaritana se habían resignado al fracaso, a la tristeza y a la frustración, él les ha dado de beber de su agua viva, del agua de su Espíritu Santo, transformando su existencia, como resultado de este encuentro, se convierten en las evangelizadoras que anuncian a tod@s que Jesús es el Mesías, es el Hijo del Dios Vivo, al que hay que adorar en Espíritu y en Verdad.

Mujer!, es una palabra que Jesús resalta en los evangelios, dándole el lugar que se merecen, estos seres maravillosos, que encarnan la ternura y la gracia de Dios, que son morada donde Él quiere acontecer, este encuentro entre Jesús y la Samaritana, es la invitación que hace Dios, para que ningún obstáculo impida la salvación para sus vidas, ni su cultura, ni su religión, ni situación económica y social, nada podrá quitarles el Don de Dios que desde la creación se les ha otorgado.