La Santísima Trinidad es la presencia total de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son las tres personas divinas que conforman el Dios Único y Verdadero, al cual se le debe adoración, honor y gloria, cada una de estas divinas personas, tiene una misión concreta para la vida de los seres humanos.

El Dios Padre, es el Creador por excelencia, Él se nos revela a lo largo de todo el Antiguo Testamento, primero en el Génesis, cuando crea todas las cosas, los animales, y por supuesto, al hombre y a la mujer, a quienes considera su máxima obra de creación, invitándolos a convertirse en cocreadores con Él; se revela el Padre, cuando llama a Abraham y le hace la promesa de una descendencia numerosa y una tierra; cuando escucha el clamor de su pueblo, y lo libera por medio de Moisés, de la esclavitud de Egipto; luego los conduce por el desierto, manifiesta su Alianza con Moisés, en el Sinaí; de la mano de Josué los hace entrar en la tierra de Canaán; establece jueces para su pueblo escogido; luego les permite tener reyes, destacándose su complacencia con David y Salomón; hace hablar a los profetas en su nombre, anunciando esperanza y salvación, y denunciando las idolatrías e injusticias cometidas; finalmente por medio de ellos, anuncia la venida de su Mesías, salvador para el pueblo.

El Dios Hijo, Jesucristo, que es el Emmanuel, “el Dios con nosotros”, se encarna en el vientre virginal de María, para cumplir con la misión de la Salvación de todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, nace en Belén, se hace uno como cualquiera de los hombres de su entorno, pero en cuanto está preparado, se dedica a anunciar el Reinado de Dios sobre los hombres, el cual se manifiesta por medio de sus enseñanzas, a través de las parábolas, también a través de los milagros, las curaciones y los exorcismos que realizaba en favor de quienes tenían fe, su autoridad para enseñar y para afrontar algunos temas del judaísmo. Este Jesús es condenado a muerte, crucificado y enterrado. Pero resucita al tercer día como lo había anunciado, venciendo a la muerte, mostrando que ni siquiera ella tiene poder sobre Él, ni le impide cumplir con la misión que Dios Padre le había encargado.

El Dios Espíritu Santo, el Paráclito, el Abogado, el Amor del Padre y del Hijo, tiene la misión de ser quien nos recuerde todo y nos enseñe toda la revelación de Jesús a la humanidad, es quien hace posible que podamos entrar en plena comunicación con Jesús y con el Padre, además es el fundador de la Iglesia, congrega a hombres y mujeres de todos los tiempos, para que alaben y adoren al Dios Único y Verdadero, para que comprendiendo sus misterios, puedan acercarse a Él, conocerlo y amarlo, íntima y profundamente, de tal forma que alcancen la Vida Eterna y la Salvación por Él y por ellos concedida.

La Santísima Trinidad, es modelo para toda la humanidad, en ella misma, habita la unidad y la diversidad, es un mismo Dios, cuya esencia es una sola, pero al mismo tiempo, está integrada por tres personas divinas distintas, las cuales cada una aporta sus cualidades y calidades personales, en la misión que desempeñan, es un trabajo en equipo perfecto, la invitación es a vivir de esa misma manera.