El evangelio de San Lucas nos narra la visita de María la Madre de Jesús a su prima Santa Isabel, Madre de Juan el Bautista, el Precursor del Señor Jesús (Cf. Lc 1,39-45), este acontecimiento está antecedido por la Anunciación que hace el arcángel Gabriel a María acerca del suceso más importante en la historia de la salvación el nacimiento de Jesús el Mesías el Hijo de Dios para la redención de la humanidad.

Durante esta experiencia de revelación Gabriel le comenta a María que su prima Isabel está de seis meses, la que era estéril y mayor de edad, haciendo imposible que este hecho natural ocurriera en la vida de estos dos ancianos Zacarías e Isabel, pero una vez más la misericordia de Dios actúa fecundamente en la existencia de aquellos que creen y esperan en Él.

En estas dos mujeres ocurren dos cosas maravillosas que solo Dios puede realizar: en Isabel una mujer anciana y estéril Dios es capaz de dar vida, cuando ya la esperanza se ha perdido, la salva Dios de caer en la vergüenza y deshonor de cualquier mujer israelita, ser madre; en María mujer joven y virgen actúa con el esplendor de su Gloria y le da la gracia de concebir un hijo, pero no cualquier hijo, a Jesús el Hijo de Dios, el Mesías el Salvador del mundo y de la humanidad.

María emprende su camino a Ain Karim a la región montañosa de Judea para ir a acompañar a su prima, para ayudarle en sus labores, y al encontrarse estas dos mujeres y sus hijos que estaban en sus vientres, era el encuentro de dos seres especiales para Dios, Juan el Bautista, quien será llamado el último profeta del Antiguo Testamento y Jesús de Nazaret, su Hijo muy Amado, quien será el profeta de Dios que viene a anunciar e instaurar el Reino de Dios su Padre, este encuentro es testigo de la presencia y del actuar del Espíritu Santo de Dios, él cual engendra en María a Jesús y a Juan que es engendrado a pesar que sus padres humanamente ya no son capaces, pero el Espíritu les da una ayuda para que se cumpla este propósito.

Finalmente y tan importante como todo lo anotado anteriormente, y es que también por el mismo Espíritu es posible que Isabel reconozca a María como la Madre de Jesús, el Señor, ya que esto es fruto del actuar del Espíritu en Isabel, confirmando todo lo que Dios ha dicho y hecho en la vida de María.

Este acontecimiento de la Visitación tiene en sí una importancia fundamental para evidenciar cómo el Espíritu de Dios actúa en la vida de aquellos que ponen su confianza en el Dios Único y Verdadero, cómo lo hizo María cuando recibe el anuncio del arcángel Gabriel y se dispone para que Dios actúe; aunque Zacarías duda, Dios no deja de actuar y los bendice con un hijo que tampoco es cualquier hijo, es el Precursor de Jesús el Señor, el Mesías que viene a salvar a la humanidad y se entrega para que toda la humanidad sea redimida.

De esta manera se puede constatar que Dios hace posible lo que humanamente es imposible para el hombre que no se abre a la fe y a la gracia, que esta conmemoración permita a los creyentes disponerse a vivir y contemplar las maravillas que Dios puede obrar cuando se le reconoce y acepta como Rey y Señor por siempre.