La oración como diálogo y comunicación con Dios necesita fuentes que la nutran y que le den al creyente, los recursos y herramientas necesarias para poder hacer de ella, ese alimento espiritual que lo nutre y enriquece su vida espiritual, una de esas herramientas es la Palabra de Dios que le proporciona sabiduría, discernimiento y entendimiento para realizar una oración más fructífera, que traiga a su vida la bendición abundante de parte de Dios.

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“La Iglesia “recomienda insistentemente a todos sus fieles… la lectura asidua de la Escritura para que adquieran ‘la ciencia suprema de Jesucristo’ (Flp 3, 8)…” (C.I.C. 2653) San Pablo dice que no sabemos orar como conviene, por eso necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para poder hacerlo, y seguir así el modelo de oración de Jesús, que a cada paso de su vida, entraba en oración para alimentarse del Padre y después dar de ese alimento a los demás, también para realizar las obras de poder que hacía, y tomar las decisiones fundamentales de su proyecto y misión de vida.
“Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues ‘a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras’ (San Ambrosio, off. 1, 88)” (DV 25) (C.I.C. 2653) Por eso la lectura de la Palabra de Dios es una herramienta fundamental para enriquecer la vida espiritual de un creyente, muchas veces se aduce que no se sabe orar, pues la Palabra de Dios proporciona modelos de oración, y también nos presenta oraciones que nos pueden orientar el cómo hacer nuestra propia oración.

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Los salmos son una gran riqueza que nos ofrece la Sagrada Escritura para aprender a orar, en ellos encontramos distintas situaciones que vivió el pueblo de Israel, como orar frente a estas realidades que también nos acontecen hoy, en la angustia, en la tribulación, en la lucha, también en la victoria, en la acción de gracias, en la adoración y reconocimiento de la majestad de Dios, en fin todo el Antiguo Testamento encontramos modelos de oración, en Abraham, Moisés, los jueces, los profetas, en todos ellos podemos encontrar el sustento para realizar cada vez más mejor nuestra oración personal.
Pero sin lugar a dudas el mejor ejemplo de oración es el mismo Jesús, que nos muestra desde el inicio de su ministerio, cuando pasa en el desierto 40 días y 40 noches en oración y ayuno, en los Evangelios encontramos la enseñanza de Cristo sobre la oración, como ora, cuando ora y para que ora, todo eso lo encontramos en la lectura del Evangelio, por eso es tan importante acercarnos constantemente a ella, ojalá diariamente, recurramos a la liturgia de la Palabra que nos ofrece la Iglesia, seguramente tanto en el Antiguo como en el Nuevo, encontraremos pasajes bíblicos que nos enseñarán acerca de la oración.

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Es vital disponer el corazón para que se alimente de la Palabra de Dios en la oración, de tal forma que leyendo la Palabra, la meditemos, la contemplemos en la oración y la realicemos en la cotidianidad de nuestras vidas, hay que orar constantemente acompañado de la Sagrada Escritura para que alimentados por ella logremos los frutos de salvación y bendición que Dios quiere entregarnos a manos llenas, en esta medida podremos comprender mejor su voluntad y su propuesta de vida para cada uno de sus hijos.