Narra el libro I samuel, que Dios llama a un joven, pronunciando su nombre: “Servía el niño Samuel a Yahveh a las órdenes de Elí; en aquel tiempo era rara la palabra de Yahveh, y no eran corrientes las visiones. Cierto día, estaba Elí acostado en su habitación – sus ojos iban debilitándose y ya no podía ver no estaba aún apagada la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el Santuario de Yahveh, donde se encontraba el arca de Dios. Llamó Yahveh: «¡Samuel, Samuel!» El respondió: ¡Aquí estoy!” (I Samuel, 3, 1-4).

Algunas veces cuesta creer que el mismo Dios nos llame, sin embargo diremos 4 aspectos importantes para identificar esta llamada que hace a todos nosotros de llevar su Nombre a todas partes:

 

1- Dios tiene un plan para todos nosotros: Él nos ama desde la eternidad, lo dice el libro de Jeremías:

“Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones”. (Jer 1,5). Que hermoso Dios nos ha pensado desde siempre y nos llama a ser bendición desde lo que somos para muchas personas, puede ser la familia, amigos, o las distintas personas del mundo entero. Dios nos escogió antes de que naciéramos, y nos tiene una misión, la principal de ellas es hacer su santa voluntad, por eso nuestra tarea es decirle al Señor como diijo María: “Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra”. (Lc 1,38).

 

2- Dios siempre nos llama, y si lo aceptamos Él nos respaldará:

“Irás adondequiera que te envíe, y proclamarás todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, porque estaré contigo para protegerte”. (Jer 1,7). Algunas veces podemos preguntarnos ¿cómo así que Dios me llama?, ¿cómo así si no se hablar?, como le pasó al mismo Moisés, pero vemos que si le damos el sí, nos dice que no tengamos miedo, porque Él estará a nuestro lado, ayudándonos y guiándonos: “No tengas miedo, sigue hablando y no calles… Yo estoy contigo y nadie podrá hacerte daño”. (Hech 18,9). Además ¿porqué no aceptar este plan magnífico de nuestro creador? : “Que bien me sé los pensamientos que pienso sobre vosotros – oráculo de Yahveh – pensamientos de paz, y no de desgracia, de daros un porvenir de esperanza.” (Jeremías 29, 11), sin duda alguna Dios tiene lo mejor para nosotros.

 

3- Dios Nos hace una promesa de ser pescadores de hombre:

“Síganme y los haré pescadores de hombres”. (Mt 4, 19), nuestro Señor nos llama a lanzar las redes a un mundo lleno de tantas incomprensiones, donde no hay esperanza, donde cada quien busca su bien particular. Seguirlo significa continuar su obra, somos las manos de Dios, su boca, sus pies, portadores de sus promesas de amor y paz. Sin embargo esto no es fácil: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará”. (Mt 16,24), ganaremos la vida eterna entregando nuestra vida al servicio del amor, y lo más importante lo tenemos a Él, que hizo el cielo y la tierra, que murió por nuestros pecados “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia”. (Mt 28,19).

4- Dios nos llama pero respeta nuestra libertad:

“Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: ¿Hasta cuándo vais a estar cojeando con los dos pies? Si Yahveh es Dios, seguidle; si Baal, seguid a éste. Pero el pueblo no le respondió nada”. (I Reyes 18, 21). El mismo profeta Elías le dice al pueblo que escojan bien a qien seguir, sin embargo a la hora que nosotros lo hagamos, lo hagamos fervientemente y digamos a las gentes; “Me envió para llevar la Buena Nueva a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”. (Lc 4,18). Y si vemos a mundo sin amor, lleno de injusticia es que Dios nos llama a cambiarlo, es una forma de decirlo, pues de el viene el bien y a Él le corresponde la justicia, te invito a que le digas como el profeta: “Yo oí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?». Yo respondí: «¡Aquí estoy: envíame!»”. (Is 6,8) Sí queridos hermano; Dios te llama hoy a proclamar su nombre, su amor, su justicia, su esperanza, no se necesita gritarlo, se necesita que nos vean haciendo el bien que nace del corazón. Dios nos llama por nuestro nombre, puede ser Samuel, Juan, Ana, Marcela, solo escucha su voz.

 

 

 

Vea También (Las Siete Lámparas del Espíritu)