Hoy la Iglesia celebra el día del nacimiento de San Juan Bautista, a ningún otro santo se le exalta por esto. Juan el Bautista nace como fruto de una promesa que Dios hace a sus padres Zacarías e Isabel, quienes en su ancianidad lo conciben:

“Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios” (Lucas 1, 11-16). Esta es la gran promesa anunciará la salvación, el arrepentimiento y el perdón de los pecados. Juan no solo anuncia esto el perdón si no que da testimonio de Jesús: “Y le preguntaron: ¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta? Juan les respondió: Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.” (Juan 1, 25-26).

 

Juan como lo dijo el ángel estaba lleno del Espíritu Santo y sería el precursor de nuestro Señor, quien le prepararía el camino: “Conforme está escrito en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas, apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados. Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.” (Juan 1, 4-7).

 

Juan clama en el desierto de la esperanza, de la salvación, de la redención, gritando que Jesús es el hijo de Dios, que vino a los pobres, a los que no cuentan en este mundo, a los que lloran, a todos los que quieren abrirle su puerta, anunciando que no hay condenación para los que le aman. Entregando el bautismo de conversión. Sin duda todos se admiraban, de Juan quien se vestía con piel de camello, y se alimentaba como los profetas, pero lo grande de él fue que se hizo pequeño, para mostrar al grande entre los grandes. ¿Qué estás haciendo tú para ser precursor de Jesús, en tu casa en tu familia, en donde vayas?.

 

 

 

 

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