Como parte del segundo objetivo general de la RCC aparece la contextualización acerca de lo que es el Bautismo en el Espíritu Santo, que también ha sido denominado “un dejar actuar libremente al Espíritu Santo” o “una renovación del Espíritu Santo”, comúnmente se ha entendido esta acción como “una aceptación personal de las gracias de la iniciación cristiana, y un recibir fuerza para poder realizar el propio servicio personal en la Iglesia y en el mundo”.

Pablo VI en su homilía de Pentecostés en 1975 dijo: “Quisiéramos nosotros hoy, no sólo poseer inmediatamente el Espíritu Santo, sino también experimentar los efectos sensibles y prodigiosos de esta maravillosa presencia del Espíritu Santo dentro de nosotros”, es ante todo una experiencia espiritual que cala tan fuerte y tan profundo, que renueva al ser humano integralmente, como ya se había dicho anteriormente, lo que sí se puede afirmar con toda claridad, es que es difícil darle una explicación racional, ya que es una acción del Espíritu de Dios en nosotros, transformándonos, liberándonos y haciéndonos creaturas nuevas en Dios.

El documento emanado del ICCRS afirma que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia espiritual que lleva consigo tanto la aceptación personal y consciente de las gracias del bautismo, de la confirmación y de la eucaristía, como también el recibir nuevas fuerzas para realizar la misión que Dios nos otorgado a cada uno en la Iglesia y en el mundo, es decir aclara que no es un sacramento distinto sino que en el creyente, genera una resignificación de la vivencia y la comprensión de estos sacramentos de la iniciación cristiana, que le permiten a la persona poder celebrar y disfrutar lo que son como cristianos en cada uno de los momentos de la vida personal y eclesial.

Los sacramentos de la iniciación cristiana nos hacen verdaderamente cristianos, el bautismo nos incorpora a la Iglesia, principalmente nos hace hijos de Dios, miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo, nos da la triple dignidad de sacerdote, profeta y rey; la confirmación nos hace testigos de Jesucristo en la sociedad, con la renovación del don del Espíritu Santo; y la eucaristía nos congrega como hermanos alrededor del Cuerpo y la Sangre de Jesús, para vivir en la comunidad la acción de gracias por todo lo que Él hizo para nuestra salvación, pues todo es lo que renueva “el bautismo en el Espíritu Santo”.

La oración del “bautismo en el Espíritu Santo”, como ya se dijo renueva el sacramento del bautismo de una manera especial, pero sobre todos las promesas hechas por nuestros padres y padrinos en la celebración del sacramento, permitiendo que en la edad en que se encuentre el creyente se haga consciente de ellas y las viva a plenitud, con esta renovación se quiere englobar la cantidad de gracias recibidas en nuestras vidas, comprometerse de una manera más exigente con el Señor, adquiriendo una conciencia cada vez más clara y explícita de lo vivido y de lo celebrado, finalmente sellando con él una nueva alianza personal de amor y fidelidad (cf Jr 31,31-34).

De aquí en adelante se entrará a explicar de una manera detallada lo que es el Bautismo en el Espíritu Santo, y cómo se puede entender de la mejor manera, para así poder comprender realmente lo que es esta gracia dada por Dios en su Espíritu, que es el Amor del Padre y del Hijo para todos nosotros sus hijos.