El viernes santo es recordado como un día de dolor, tristeza, soledad, etc. Pero lo que se olvida es que debemos verlo y, más que eso, vivirlo desde la perspectiva de la resurrección. Ya que si no hubiese existido el milagro de la resurrección no estaríamos celebrando una Semana Santa.

Nos cuenta el texto bíblico que eran las 3 de la tarde, cuando todo quedó oscuro. Pareciera que la misma naturaleza estaba sufriendo al ver que el Hijo de su Creador yacía muerto en una cruz; aquella cruz que estaba reservada para los que cometían delitos y pensaban sólo en ellos ahora la asumía el Salvador; pero el único “delito” que cometió Jesús de Nazaret fue hacer la voluntad del Padre.

Las mismas personas que habían gritado: “¡Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor!” (Lc 19, 38), ahora se burlan frente a la cruz. ¿Cómo un episodio tan doloroso puede ser motivo de burla? En ocasiones me pregunto eso. Pero infortunadamente aquello fue una de las tantas cosas que tuvo que sufrir Jesús.

Aparte de eso, ver como quienes decían seguirlo y dar la vida por él, ahora estaban ausentes, sólo uno de ellos se encontraba frente a aquella cruz de dolor. No podemos olvidar a su madre quien lo acompañó hasta el fin, imagino que fue un consuelo tenerla cerca, pero a la vez dolor por verla sufrir de esa manera.

Si recordamos un poco atrás vemos que es impresionante como Jesús mientras iba de camino a la cruz consolaba a las mujeres diciendo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos” (Lc 23, 28). En medio del dolor, siempre estaba pensando en los demás, en nosotros.

Hay muchas cosas que podríamos recordar de este Viernes de Dolor, en el cual la humanidad ganó. Si, ganó. Porque gracias al sufrimiento y muerte de Jesús es que ahora vamos a celebrar la resurrección. Aquella muerte que no pudo detener la misericordia de Dios.

No nos quedemos sólo viviendo el sufrimiento de Jesús en aquella cruz, veámoslo si pero esperando gozosamente la alegría de la resurrección. Saber que tenemos un Dios vivo que no se quedó en una cruz. Tomó la cruz y la convirtió en el mayor signo de amor y esperanza para la humanidad. Debemos saber que la semana santa no termina el viernes; la semana culmina victoriosa en el domingo de Resurrección. Te invito entonces a esperar esa pascua de resurrección y contagiarla con alegría a l@s demás; porque así como Jesús venció a la muerte nosotros también lo podemos hacer.

Recuerda siempre sus palabras: “De verdad os aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y las hará mayores que éstas, porque yo voy al Padre” Jn 14, 12