Después del Domingo de Pascua, conmemoramos una de las fiestas más importantes para los cristianos católicos. Cristo ha triunfado sobre la muerte, no hay condenación para los que lo aman, hay salvación para los que se acogen a su amor misericordioso.

Por eso mirar el cirio pascual, que representa a Cristo que ilumina al mundo en tinieblas, debe llevarnos a todos a ser lumbreras, a irradiar luz de santidad a una humanidad falta de esperanzas.

La resurrección celebrada por todos los cristianos, no es una celebración aislada, pues todos hemos sido bendecidos con este acontecimiento : “A quienes ha de ser imputada la fe, a nosotros que creemos en Aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús Señor nuestro, quien fue entregado por nuestros pecados, y fue resucitado para nuestra justificación”.(Rom 4, 24-25). Tenemos que gritarlo, Jesús resucitó de entre los muertos, murió por ti y por mi, no estamos solos, en sus manos está nuestra vida, esperanza, y felicidad.

Vivir la pascua es experimentar nuestra propia liberación, así como en el origen de esta fiesta, cuando los judíos salieron de Egipto, después de más de 400 años de cautividad: “Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, Yahveh. La sangre será vuestra señal en las casas donde moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto”.Este será un día memorable para vosotros, y lo celebraréis como fiesta en honor de Yahveh de generación en generación. Decretaréis que sea fiesta para siempre». (Éxodo 12, 12-14).

Celebrar la pascua es tener en cuenta que Cristo murió por nosotros, que tenemos esperanza en Él, que junto a nuestro salvador somos victoriosos, somos libres y en en su amor está la recompensa a tantas adversidades. “Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte”. (Romanos 8, 1-2).

Celebramos la pascua con gran entusiasmo, sonriendo, amando, perdonando, haciendo actos de bondad con toda la voluntad porque, “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14). Él venció toda obra del mal, y así como Él resucitó, nosotros también resucitaremos. Pensar en la obra de redención de nuestro Dios y salvador, es motivo de alegría, y paz, pero no olvidemos que debemos ser testigos de este gozo pascual, y de la pascua que empieza el domingo de Resurrección, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

 

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