Durante estos días he podido descubrir la importancia de sentir que el Señor nos llama: en efecto, el Señor llama en los lugares más inesperados. A muchos ha llamado a través de la corriente de gracia denominada Renovación Carismática Católica. He tenido la oportunidad de dialogar sobre este llamado con un joven, coordinador de la RCC, en alguna región de Colombia. A continuación, les relaciono algunos elementos bien interesantes de estos diálogos:

Cuéntenos su experiencia en la RCC y en qué consiste este llamado para un joven hoy

Un cordial saludo, padre. La juventud de la Renovación Carismática Católica es la experiencia viva suscitada por la fascinación del encuentro personal con la persona de Cristo. Más allá de emociones momentáneas, signos visibles o milagros prodigiosos, la experiencia de un joven carismático es precisamente llevar una vida conforme al espíritu; es tener día a día la decisión de encontrarse con Jesús y hacer de lo ordinario una verdadera experiencia de amor y de entrega.

Alguno podría pensar que estas experiencias son momentáneas: ¿Hay algún compromiso más allá de ello?

Es cierto que actualmente se evidencia que algunos jóvenes siguen a Cristo por los sentimientos momentáneos que se producen dentro de ellos al vivir cualquier tipo de cercanía con Él; pero verdaderamente seguir a Jesús significa nadar contracorriente en una sociedad que limita las capacidades de dicha juventud y les hace creer que necesitan de sensaciones pasajeras para poder mantenerse en equilibrio o en su defecto, ser “felices”.

Al descubrir la esencia de una vida conforme a la gracia del Espíritu, se comprueba que detrás de cada dificultad están las experiencias que traen consigo las mejores herramientas para seguir fortaleciendo, no solo la vida misma sino la experiencia de fe. Es allí cuando se tiene la certeza de que la vida misma gira entorno a la fidelidad, lealtad y valentía frente a la acción del Espíritu Santo.

Finalmente, ¿Cómo se puede transmitir esa experiencia de renovación?

Ser un joven carismático es experimentar un desafío diario donde la oración es su mejor arma, el servir es su misión y el amar al diferente es la prioridad, teniendo en cuenta que un servicio trasciende una acción visible dentro de un grupo o asamblea de oración y que verdaderamente se define como la gracia de ser canales vivos que conducen a Jesús, es decir, tener el deseo de hacerse un escalón asequible para que otros según la experiencia ya vivida puedan, a través de nuestros talentos, llegar al encuentro personal que renueva y marca un nuevo comienzo. “Si alguno de ustedes quiere ser grande, que sea su servidor; y el que de ustedes quiera ser el primero, que sea el servidor de todos;” –Cf. Mateo 20, 26-27.

Seguir a Cristo es todo un lío; es ser arriesgados; es poner nuestros carismas al servicio; es ser una antorcha viva cargada con un fuego especial y dispuestos a encender otras vidas con una gran experiencia de amor, aun cuando vengan los días en los que se cree que el fuego se apagó. Seguir a Cristo es confirmar la elección de haber optado el mejor estilo de vida.

Y tú que lees, ¿Vives conforme a la acción del Espíritu Santo?