“La intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres, de los pecadores en particular (Cf. Rm 8,34; 1Jn 2,1; 1Tm 2,5-8).” (C.I.C. 2634). Partiendo de Jesús que es el Intercesor por excelencia, nos enseña que es fundamental en la vida de un creyente, y de algunos en particular pedir por otros, ponerse en la brecha por las necesidades de los hermanos que lo necesitan.

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Pedir por las necesidades de los demás es un don que no todos poseen, ya que para muchas personas es difícil dedicarse a orar por otros, dejando a un lado las necesidades propias, sin duda es una gracia que Dios da a aquellos que necesita para que realicen esta labor tan noble, los intercesores son orantes en sí mismos, pero tienen una gran capacidad de darse por los demás, sin buscar ninguna recompensa por esto que hacen a diario por sus hermanos.

“El propio Espíritu Santo “intercede por nosotros… y su intercesión a favor de los santos es según Dios” (Rm 8, 26-27) (C.I.C. 2634). La fuente misma de la oración es el Santo Espíritu, ya que el viene en nuestro auxilio, para enseñarnos a orar como conviene, porque no lo sabemos hacer, además es quien da el carisma de la intercesión a quienes considera idóneos para desarrollar este ministerio, dotándolos de todo lo que necesitan para poder ejercerlo como es debido.

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“Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios.” (C.I.C. 2635) La figura de Abraham nos revela como el intercesor debe actuar frente a Dios por las necesidades que tengan los hermanos, no debe cansarse de implorar la bondad y la misericordia del Señor sobre quienes lo requieren, aunque esas personas tal vez no lo merezcan, pero hay que hacerlo a tiempo y a destiempo.

Tenemos muchos ejemplos de intercesores, aparte de Abraham, encontramos a Moisés, quien muchas veces se puso en la brecha por el pueblo de Israel, en su travesía por el desierto, ya que ellos se rebelaban en ocasiones, y era el quien ponía la cara delante de Dios por decirlo de alguna manera, luego los jueces que fue suscitando el Señor en Israel, tenían en ocasiones que interceder por las infidelidades de los israelitas, algunos profetas fueron también grandes intercesores, solicitando a Dios perdón por las infidelidades e idolatrías en que caía el pueblo.

Pero va a ser el mismo Jesús quien va a ser el Intercesor por excelencia delante del Padre Todopoderoso, pidiéndole que nos libere, que nos cuide, que nos llene de su Amor misericordioso, y de la mano de Jesús, la Virgen María, Madre de la Iglesia y de cada uno de nosotros, ya que fuimos entregados a ella por Jesucristo en el madero de la cruz al discípulo amado, ella nos acogió y desde entonces intercede por cada uno de nosotros sus hijos.

Roguemos al Señor que cada día suscite entre sus fieles, intercesores según su corazón, para que puedan ayudar a sus hermanos en la consecución de sus necesidades materiales y espirituales, además enseñándoles a orar como es debido, con la ayuda y la orientación del Espíritu Santo, siguiendo el modelo de Jesucristo y de María Santísima.