He escrito muchos artículos para muchos boletines durante años. Parece irónico que esta vez, en nuestro propio boletín, me cuesta encontrar las palabras apropiadas para escribir. Como sabéis, éste es nuestro último boletín de ICCRS, y me han pedido que comparta mis pensamientos de despedida.

Si comenzara enumerando las personas a las que agradecer, utilizaría todo el Boletín, ¡y me faltaría sitio para todos! Creo, sin embargo, que puedo decir que la “experiencia ICCRS” debe tanto a tantos: a los Papas y otros miembros de la jerarquía que dieron aliento y dirección, a los anteriores Presidentes de ICCRS, a los miembros y consultores del Consejo de ICCRS que han llegado de todas partes del mundo para servir, a los traductores que “ayudaron a interpretar nuestras lenguas”, a los hombres y mujeres por todo el mundo que ayudaron a apadrinar eventos de ICCRS, que verdaderamente convirtieron a ICCRS en una familia internacional, a los hombres y mujeres que durante años han orado y han apoyado económicamente la labor de esta familia mundial.

Cada persona ha marcado una diferencia. Solo Dios sabe todo lo que habéis hecho por nosotros. Que Él os recompense por vuestra generosidad y vuestra disponibilidad para servir. Gracias. Servir a ICCRS ha sido una de las mayores alegrías y aventuras de mi vida, y siempre estaré agradecido a Dios por permitirme ser parte de esta verdadera familia mundial.

De nuevo, podría escribir una lista de los frutos que ha dado ICCRS, pero creo que lo puedo decir muy sencillamente. Por gracia de Dios, todos nosotros nos hemos acercado más a Él… y unos a otros. Existe literalmente una familia que vive por todo el mundo. Tenemos idiomas distintos, culturas diferentes, pero estamos unidos por nuestra experiencia común de Pentecostés. Nuestros corazones arden con un solo fuego. Somos hombres y mujeres, jóvenes y viejos, ricos y pobres, pero somos uno en Cristo. Existe un vínculo de unidad que no vino de la organización sino de la hermandad en el Espíritu Santo.

Esta gracia que obra en nosotros seguirá en los días venideros. Su sangre está en nuestras venas. seguiremos viviendo lo que son, creo, las características clave de lo es ICCRS:

-Obediencia y lealtad a la Iglesia Católica,
-Respeto por todos, aunque seamos diferentes unos de los otros,
-Oración dinámica, carismática,
-Disfrutamos de la mutua compañía e intentamos reír un poco más de lo que lloramos,
-Nos desviamos de nuestro camino para ayudarnos unos a otros.
-Somos un pueblo con los pies en la tierra, pero con los ojos mirando al cielo.

Estoy tan orgulloso de que ICCRS haya mantenido todos estos años una oficina en el Vaticano. Amo a las almas generosas que han sido parte del personal de esa oficina durante tantos años.

Aun así, ICCRS es mucho más que una placa en la puerta de una oficina del Vaticano Es los hombres y mujeres que leen este Boletín, que oran, que participan en eventos locales, regionales, nacionales e
internacionales. Es los hombres y mujeres que nacieron en esa Estancia Superior y siguen compartiendo su experiencia con otros. Es los abrazos, las sonrisas, las oraciones lo que verdaderamente le ha dado
a ICCRS su autoridad y mandato para servir a esta gran familia.

Sé que este vínculo común seguirá creciendo entre nosotros en los días futuros. La experiencia vivida de la familia mundial de ICCRS permanecerá por siempre en nuestros corazones al avanzar a esta nueva realidad de CHARIS. Y al pasar a formar parte juntos de una red mundial más amplia de hermanos
y hermanas, que nuestro amor por Dios y los unos por los otros se intensifique.

Si CHARIS se puede beneficiar de esta labor de ICCRS de más de 25 años, y seguir llevando a la Renovación Carismática Católica mucho más dentro del corazón de la Iglesia, entonces nuestros años han sido bien empleados, y podemos alegrarnos por lo que Dios ha conseguido.

Hemos sido una familia. Siempre seremos una familia. Quizás por eso… es por lo que estoy más agradecido.