Juan Gossaín en un artículo para la revista «Caras», hablaba sobre el trabajo periodístico y contaba lo que para él era el mejor reportaje realizado por un periodista o grupo de periodistas en la historia. Entonces comenzó a referirse a aquel pasaje bíblico en el que un hombre llamado Lázaro era revivido luego de varios días de su fallecimiento gracias a la intervención de otro personaje muy extraño llamado Jesús de Nazareth.

Sin embargo, algo lejos de centrarse en el relato, Gossaín se centra en quienes contaron la historia, aquellos que la religión llama “evangelistas”, pero que él prefiere llamar “periodistas”, periodistas muy buenos, de hecho los mejores periodistas de la historia. Este periodista Colombiano y costeño, hace un paralelo en aquel artículo sobre cómo sería el cubrimiento periodístico de ese mismo relato bíblico en nuestros tiempos, y las diferencias son hasta simpáticas por decirlo de alguna manera.

El deber periodístico (dice Gossaín) consiste en narrar los hechos tal como suceden. El evangelista Juan narra los hechos paso a paso. «Eso es periodismo de verdad, ¿sabe lo que hubiéramos armado nosotros hoy?: Un resucitado, increíble, extraordinario, atención, lo último, aunque usted no lo crea resucitó.” !!

Ahora dejo las palabras de Gossaín para decir lo siguiente: imagínense el escándalo, cientos de periodistas buscando como locos a Jesús y a Lázaro para hacerles entrevistas y preguntarles de todo, desde asuntos muy serios, hasta pendejadas, como: «Señor Lázaro, ¿cómo se quitó el olor a muerto que tenía desde hace ya varios días?. Veríamos programas periodísticos donde se debatiría la veracidad del milagro y la intención de Jesús al resucitarlo, porque alguien va a salir a decir que lo contrataron los petristas y los uribistas (porque al final son casi la misma cosa) para distraer la atención debido a los escándalos de lado y lado.

Por supuesto un evento de estos seria la delicia de los segmentos de entretenimiento de los noticieros, donde hermosas presentadoras vestidas con menos tela que una de mis corbatas, hablarían sobre la vestimenta de Jesús y preguntarían con preocupación: ¿porque la Virgen María no le pidió a Hernán Zajar que diseñara la túnica de su hijo, ante un milagro tan importante? ¡Y claro! no puede faltar el programa del fin de semana con los de «La Red», donde conoceríamos los chismecitos de todos los amigos y discípulos de Jesús, familiares y acompañantes de lázaro y uno que otro lagarto, porque ante algo así necesariamente tendría que haber al menos un lagarto, que necesariamente sería un colombiano como Roy Barreras o Hollman Morris, buscando como dice mi mamá: «lo que no se les ha pedido por allá».

Lejos de todo lo anterior la función de un periodista debería ser la de decir la verdad, sin alterarla, porque como también lo haría el evangelista Juan citando a Jesús «la verdad os hará libres». De lo cual también podemos inferir, que la responsabilidad social de un periodista es muy grande y es la de liberarnos de alguna manera, ya que vivimos en medio de muchas mentiras. Para ello también será necesario que el periodista no busque ser el protagonista y no tome partido de las circunstancias tal como lo harían un par de canales de tv colombianos. Simplemente, y como en el relato de la resurrección de Lázaro cuenten la historia tal como sucedió ¡y ya! pero además se sirvan en anunciar y denunciar.

A todos esos periodistas que entienden esa vocación, los saludo y en buena onda les quiero decir que los envidio, ya que aunque soy Ingeniero y amo mi profesión, siempre soñé con ser periodista y por ello dedico gran parte de mi tiempo a escribir artículos como este y a comunicar.

Para quienes de pronto ejercen esa profesión sin comprender lo que realmente significa, quiera Dios que reaccionen pronto, ya que el país lo necesita en medio de tanta oscuridad en que anda. Dicho todo esto, no es casualidad que los creadores de Superman le dieran la profesión de comunicador y reportero, así como no es casualidad que Dios se valiera de 4 periodistas de hace 2000 años para contar la historia de su propio hijo.