Tuve la bendición del Señor de participar en el Congreso Nacional de Jóvenes (CONALJO), realizado en la ciudad de Bello, departamento de Antioquia. Allí más de tres mil jóvenes aproximadamente, vibraron con la corriente de gracia de la Renovación Carismática Católica, una oportunidad maravillosa para encender en nosotros un profundo amor por Jesucristo.

En realidad, debo decir que fue mi primera experiencia en un Congreso de esta magnitud y alcance. En un primer momento, como nos sucede muchas veces ante los llamados del Señor, quise rechazar tal invitación y más bien quise quedarme en la comodidad de la vida ordinaria en la que poco a poco nos vamos instalando.

Viendo a tantos jóvenes que atendieron el llamado, no de la Secretaría Nacional de Jóvenes de la RCC, quienes en realidad fueron el instrumento, sino ante la llamada incesante del Señor, he recordado con gran alegría las palabras de la Exhortación Apostólica Postsinodal Christus Vivit del Papa Francisco: “¡Él vive y te quiere vivo!”. En efecto, ver a tantos jóvenes anhelando, clamando, buscando, orando, pidiendo nuevamente una efusión del Espíritu Santo en sus vidas que les impulsara a decir: “Heme aquí, envíame a mí” (Is 6, 8), yo seré tu mensajero”, es una gran bendición para todos.

Los jóvenes nos han dado una lección que también recordaba el Papa Francisco en esta misma Exhortación: “Ser joven, más que una edad es un estado del corazón” (No. 34). ¿Cuántos de nosotros, a pesar de ser jóvenes en años, nos sentimos ya deteriorados por el cansancio de la vida, por la pérdida de la esperanza, por la falta de iniciativas y por la falta de creatividad? Y, ¿cuántos, a pesar de ser viejos en años, nos sorprenden con su alegría, con el contagio de la novedad, de la creatividad, de la innovación, de la oración, del testimonio, de una vida llena de esperanza cristiana?

Lo invito, amigo lector a que piense cuál es la pregunta que lo identifica: ¿es usted joven en años, pero viejo en esperanza de construir una sociedad más justa y más fraterna? ¿Es usted viejo en años, pero con un corazón joven, lleno de vida ante la realidad? ¿O es usted viejo en años y viejo en ideales? ¿O es usted joven en años y con corazón joven esperanzador?

Finalmente, renueve cada día su confianza en el Señor y pídale que encienda en usted nuevamente la gracia bautismal para que se pueda presentar ante él y decirle: “Heme aquí, envíame a mí”, porque tú estás vivo y me quieres vivo.