“Al Catatumbo no vayas, pues no saldrás vivo de allá”: esta fue la primera expresión de un compañero ante la pregunta del periodista de Univisión, Javier Bauluz, acerca de la posibilidad de visitar esta región. Sin dudarlo un instante le dije: “Yo soy de allá, de Las Mercedes, he ido y venido y aquí estoy vivo: el Señor me llamó desde el Catatumbo”.

Lamentablemente la región del Catatumbo no goza siempre de buena fama al interior del país. Pensar en esta región es sinónimo de: olvido, tragedia, muerte, violencia, desplazamiento, grupos armados, listas negras, “subdesarrollo”. Con justa razón otro compañero me dijo: “¿Y usted de qué grupo guerrillero es desmovilizado?” ¡Imaginarios! (Aunque siempre me llamó la atención una frase del padre Bernardo Vergara: la Provincia Minuto de Dios tiene que pensar la pastoral de los desmovilizados). Sin embargo, a veces se suele olvidar lo bueno que hay en el Catatumbo. Siguiendo la lógica de los artículos precedentes, con su permiso, quiero compartirles cómo el Señor llama desde la cotidianidad de cada una de las personas.

El corregimiento de Las Mercedes, en el municipio de Sardinata (Norte de Santander) es un pueblo caracterizado por la piedad de los habitantes, especialmente hacia quien consideran la patrona y protectora del lugar: Nuestra Señora de Las Mercedes. Hay varios testimonios que comparten cómo el hecho de invocar a la Virgen los ha salvado de tragedias innumerables. Hasta los grupos armados reconocen esta protección. Un guerrillero aterrorizado decía: “pensábamos atacar la policía de Las Mercedes, pero una silueta de una mujer, en forma de nube, nos impedía ver el caserío, por lo que no pudimos hacer nada”. Todas estas experiencias han hecho que se consolide la devoción a la Madre de Dios. En efecto, Las Mercedes, un pequeño caserío de unas 15 calles y 5 avenidas (“por donde transitan los caballos”, diría un tercer compañero), se le conoce como la “Ciudad levítica de la región”: 21 sacerdotes, siendo yo el último ordenado por ahora y 9 religiosas, testimonian este título del corregimiento ubicado en el Catatumbo nortesantandereano.

¡Y hay muchos más en formación a la vida sacerdotal o a la vida religiosa! Esto constata que en el Catatumbo también el Señor llama: llama desde la cotidianidad de la vida, llama desde el testimonio de los sacerdotes, religiosos y religiosas de la región, llama desde la entrega generosa de las familias mercedeñas en la construcción de una sociedad integral para el ser humano. Hay muchas necesidades en Las Mercedes: abandono, mal estado de las carreteras, falta de mayores oportunidades de educación, empleo y otros elementos fundamentales y básicos para la construcción de país, pero el Señor llama. ¡A mí me miró y me amó! Reconozco mi indignidad ante tan alto ministerio sacerdotal, pero sé que es su gracia la que me motiva a hacer su santa Voluntad y amar la cruz de cada día, para crecer en amor a Jesús y a su santísima Madre.

Así como en la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30), el criado reconoce que su amo “cosecha donde no siembra y recoge donde no esparce”, también en el Catatumbo él ha lanzado su semilla y ha recogido frutos abundantes, ha construido desde la guerra. Aquí nos hemos fijado sólo en un pequeño caserío, Las Mercedes, pero innumerables municipios cuentan con una gran contribución a la Iglesia a nivel de vocaciones. Por eso, para concluir, no se trata de pensar que somos o no dignos de servir a Cristo y a su Iglesia: se trata de entregarnos a la Divina Voluntad y pedirle que venga a suscitar en nuestras comunidades pastores según el Corazón de Dios.

Y tú que lees: ¿Sientes que el Señor te llama a servir a Cristo y a tu Iglesia? ¡No lo dejes con la palabra en la boca y atrévete a estar con él!