La comunidad Pueblo de Dios, una de las más antiguas de la RCC en Bogotá, ha experimentado un tiempo sin su directora, pero ha seguido unida y obediente, bajo la guía del equipo timón, haciendo vida la Palabra del Señor.

Ana Elizabeth Duque de Laguna, conocida cariñosamente como Anita, lidera desde hace 33 años la comunidad Pueblo de Dios, que evangeliza y ayuda a los necesitados, siendo signo del amor de Dios. Cuando la comunidad creció y demandaba mayor trabajo y dedicación, Anita siguió el consejo de Jetró a Moisés: “Escoge del pueblo hombres de virtud, que sean sinceros, instrúyelos y dales autoridad para que juzguen al pueblo” (Éx 18, 13-26)

Del primer grupo timón, formado por 13 personas y desintegrado por los celos, las envidias y los chismes, quedaron Alejo Gómez y Helenita de Gómez, quienes apoyaron la labor de Anita. Dos personas más, nombradas por simpatía para completar el equipo, intentaron sabotear la tarea evangelizadora. Actualmente Félix Núñez, María Victoria de Romero, Lucía (Lulu) de Ángel, Carlos Caballero y Esperanza Gómez conforman un equipo cuya unión, perseverancia y oración han hecho que en los últimos siete años la comunidad se consolide.

Debido a que Anita ha tenido graves quebrantos salud y tomó un “año sabático”, el equipo timón ha estado al frente de Pueblo de Dios durante 2005. Por su amor al Señor, su obediencia y su manera de hacer vida la Palabra de Dios, la comunidad funciona como si su fundadora estuviera presente.

El sueño de Anita de Laguna es que cuando ella falte, su obra siga adelante; por eso ha venido preparando al equipo timón para que entienda el horizonte que Dios tiene para una comunidad inserta en el corazón de la Iglesia Católica que, al impulso del Espíritu Santo, ha sido testigo del poder de Señor, como lo es Pueblo de Dios. Anita desea que sigan el ejemplo del padre Rafael García Herreros, quien dejó personas formadas de tal manera que cuando el Señor lo llamó a su lado, su obra continuase, como ha ocurrido hasta el momento.

Anita y su grupo timón aconsejan a todas las comunidades que no hagan una “roskoinonia” en su grupo líder, que no escojan sus líderes por amistad, que todo lo hagan con claridad, sinceridad, transparencia, fidelidad, oración; que profesen la Palabra de Dios y su voluntad, como los primeros cristianos, que “seguían las enseñanzas de los apóstoles, compartían lo que tenían, oraban y se reunían para partir el pan” (Hech 2, 42). De esta forma la comunidad Pueblo de Dios continúa creciendo para la gloria de Dios.

Revista Fuego