Hoy le da vida a la Iglesia

Cristo ha ascendido y suscita en la vida de los discípulos una vida de unidad en la oración. Y aún así en nuestro tiempo seguimos encontrándonos con algunos llamados discípulos, llamados cristianos, pero individualistas en la fe, «yo no necesito ir al templo», no es solo el templo, es mucho mas que eso, es ir al encuentro con el Señor en la vida de tu Iglesia, y orar con ella, en comunidad; «yo creo en Dios y eso me basta», no es que juzguen tu fe, no se trata de si crees o no, sino que quien cree en Dios ha de creele a Dios, él que nos llama a hacer vida de comunidad de fe, porque si crees en Dios necesariamente debes creer en la Iglesia, porque tu eres Iglesia; «para que voy a ir a ver a otros dándose golpes de pecho», no tienes que ir a verlos, ni a juzgarlos, debes ir a amarlos, a unirte a ellos en la oración, a entender que somos diversos.

Así comienza la vida de la Iglesia, de tu Iglesia, a esta a la que perteneces, y que tantas veces la mencionas excluyendote, como si ella fuera un bicho raro.
Tantas veces nos encerramos, por miedo al que dirán, por miedo a ser criticados, a ser juzgados, también nos encerramos en conceptos, ideas, pensamientos ajenos a la vida de un discípulo del Señor.

Pero hay una promesa que derriba toda barrera, que no se detiene ante nada, puedes cerrar todas las puertas, elevar tantas murallas como puedas, pero la acción de Dios no conoce límites, y que no viene con voz a grito de guerra, es Jesús que trae paz en medio de la adversidad, es Jesús que trae la alegría que no se opaca con nada, es Jesús con todo su amor, un amor que perdona.

No pongas barreras al «soplo» de Dios, ese que en el génesis dio vida al ser de barró y que hoy da vida a la comunidad de discípulos.

Es el Espíritu Santo una realidad permanente desde la Resurrección, y que no se ha tomado vacaciones, él está, sigue allí, como viento fuerte estremeciendo tu vida para liberarte de tus miedos, de tus conceptos, de tus ideas, de tus juicios; él sigue allí como lengua de fuego, para purificarte y darte las palabras que muchos necesitan oír; ya no cierres las puertas, abrelas y junto a la comunidad de discípulos empieza a caminar. No existen los discípulos individuales. Existe una Iglesia, comunidad de creyentes, unidos en la oración y en la acción, rica en la diversidad, esa que nos hace ser uno en Dios.