Cada vez que hay un partido de fútbol, comúnmente se hace un plan con los amigos para reunirse en un bar, centro comercial o se va al estadio, lo cual es interesante, pero qué bueno sería compartir esos momentos en familia, tal vez al abuelo le gusta el fútbol, a los tíos, con los cuales se puede disfrutar y pasar la euforia del partido.

Me apasiona el fútbol, me encanta y hasta sufro cuando hay peligro en nuestro arco, claramente celebró un gol a todo pulmón y más si es de aquel equipo al que sigo. Este fin de semana jugaba Colombia vs Argentina, estaba en casa con mi madre -la que es mi abuela, pero le digo mamá-, a ella no le gusta el fútbol, siempre lo dice de manera jocosa que me preocupo por nada y que si ganan son ellos, pero sabe estar pendiente de la pantalla.

Ese día estaba en el cuarto emocionado, haciendo fuerza a la selección Colombia, después llega mi tío, con los niños y la esposa, en eso se suma mi madre y mi hermano junto con mi padre. En ese instante me di cuenta de aquel momento en el que todos estábamos reunidos con la excusa del partido y a la vez me di cuenta que es espectacular ver un partido en familia, lo mejor de todo es gritar dos goles con ellos, saltar de alegría, mientras mi madre se tapaba los oídos de la bulla que formábamos en el cuarto.

Después del partido me di cuenta que vale la pena compartir esos espacios – fútbol- con ellos, llegamos a pensar que no se puede pasarla bien, pero la realidad es otra, ríes, compartes, comes, sufres, gritas y la pasas muy bien, además que puedes conocerlos en otro ambiente, como el decir que a mi abuela no le gusta pero ahí estaba sufriendo y riendo cuando celebrábamos.

En medio de las cosas sencillas se puede compartir con aquellos a los que amamos, se puede pasar un buen momento en los que podemos unirnos más. Busquemos diferentes excusas para estar con nuestra familia, películas, ir al parque, comer un helado, ver un partido y porque no ir en familia a misa, todo compartir es válido, lo importante es saberlo disfrutar.