Esta semana que vamos terminando se ha caracterizado por tener dentro de la liturgia cuatro fiestas que tienen un valor fundamental para los Eudistas. El 31 de mayo se celebró la canonización de San Juan Eudes, fundador de la congregación de nuestra señora de la caridad en 1641, la congregación de Jesús y María, en 1643 y la sociedad de la madre admirable, en 1648? San Juan Eudes fue canonizado el 31 de mayo de 1925, por tanto, el pasado 31 de mayo celebramos los 91 años de su canonización. Por otra parte el pasado 2 de Junio la iglesia celebró la solemnidad de Jesucristo sumo y eterno sacerdote. Es importante de manera especial para los Eudistas esta fiesta por el significado que tuvo el sacerdocio para san Juan Eudes. Decía al respecto: “El sacerdote es un pastor según el corazón de Dios”, “El sacerdote es una antorcha en el candelabro de la Iglesia”

Por otra parte, la Iglesia celebra las fiestas del corazón de Jesús y de María los días 3 y 4 de Junio respectivamente. Estas dos fiestas tienen un valor fundamental para la espiritualidad Eudista en tanto que San Juan Eudes fue quien primeramente organizo y le dio culto litúrgico al Corazón de Jesús y de María, no como dos corazones separados sino como un mismo corazón. Para san Juan Eudes, el corazón de María es Jesús, y este corazón es una hoguera de amor que lanza llamas de amor al Padre, al Hijo, a la Virgen y a todos los cristianos. Al Espíritu Santo no lanza llamas de amor, porque Él es ese fuego de amor que se esparce a toda la humanidad.

En ese amor se aquilatan los corazones más que el oro en el crisol. Ese amor disipa las tinieblas del infierno que cubren la tierra y nos hace penetrar en la luz admirable del cielo como nos dice san Pedro: “Él nos ha llamado a salir de las tinieblas y a entrar el su luz maravillosa (1 Pe. 2,9).

El corazón de Jesús rebosa un amor extraordinario por los hombres buenos y malos, amigos y enemigos. El corazón de Jesús es un amor tan ardiente que, todos los torrentes y diluvios de sus pecados, no logran apagarlo: Las aguas torrenciales no podrían apagar el amor.

San Juna Eudes, hombre apasionado por Jesucristo y por su evangelio, escribe con amor profundo a Jesús y a María y a sus corazones. ¡Llamas sagradas del corazón de mi salvador, vengan a encender mi corazón y el de todos mis hermanos! Dice también: ¡Quién me diera fundirme en este fuego! ¡Madre de Jesús, ángeles, santos y santas de Jesús, me entrego a todos ustedes, y los entrego también a todos mis hermanos y hermanas y a todos los habitantes de la tierra para que nos sumerjan en lo más profundo de esta hoguera de amor!

Por su parte, allegarse al corazón de maría es encontrarse con Jesús. El corazón representa todo el interior del hombre, pero principalmente su amor. Por eso, cuando honramos al corazón de María no queremos recordar algún misterio, acción o cualidad, y ni siquiera la persona dignísima de la Virgen, sino la fuente y origen de la santidad de todo ellos: su amor y caridad. El amor la hizo digna de ser madre de Jesús y de todos los miembros de Cristo y fuente inagotable de gracia. Cuando se honra el corazón de María, no se deja de lado a Jesús, sino por el contrario, honrar el corazón de María es honrar a Jesús, porque María nada es, nada tiene y nada puede sino de Jesús, por él y en él. Es Jesús el que lo es todo, lo puede todo, y hace todo en ella.

Y no solamente Jesús vive y permanece continuamente en el Corazón de María, sino que él mismo es el Corazón de su Corazón. Por eso, allegarse al Corazón de María es encontrarse con Jesús; honrar al Corazón de María es honrar a Jesús; invocar al Corazón de María, es invocar a Jesús. Este Corazón admirable es el ejemplar y el modelo de nuestros corazones; y la perfección cristiana consiste en llegar a ser imágenes vivas del Corazón santo de María. Además, así como el Padre eterno concedió a María concebir a su Hijo primero en su Corazón y luego en su seno virginal, así también le dio poder de formarlo en el corazón de los hijos de Adán. Por eso, ella colabora en la obra de nuestra salvación, empleando con amor increíble este poder especial. Y como ella llevó y llevará eternamente a su Hijo Jesús en su Corazón, ha llevado también y llevará siempre con él a todos los miembros de la divina Cabeza, como a hijos muy queridos. Y como frutos de su Corazón maternal que ella presenta como oblación continúa a la divina majestad.

(DEL LIBRO DE SAN JUAN EUDES, PRESBÍTERO, «SOBRE EL ADMIRABLE CORAZÓN DE JESÚS». 2, 4-5: Oeuvres Complètes 6, 148. 182; 8, 431.)