La ciudad de Quito por estos días vive un Fuego muy especial, en concreto en la parroquia del barrio la Ofelia: San Juan Eudes, ¿Qué pasó: arde un Fuego que no se consume en esta parroquia? Esta pregunta tiene cuatro posibles respuestas.

Por la predicación de la Palabra de Dios, todos los días empezando por el lunes hasta el domingo, se reúnen comunidades de diferentes edades; jóvenes, universitarios, familias, parejas, adultos mayores, para compartir la poderosísima Palabra en FUEGO que enciende todos estos corazones (Lc 24, 32) y además los invade de la cabeza a los pies con el gozo y alegría incomparables (Jr 15,16) (Gal 5,22)

Por la Eucaristía, a diario se dan cita numerosas personas para quemarse en la Ardiente Cercanía, a través de la Escritura y el Cuerpo y Sangre de Cristo. Algunas personas vienen a veces tristes, atribuladas sin muchas ganas de luchar y hay que ver el rostro al salir de cada uno. Sus rostros y sobre todo los corazones, arden de una forma que nose puede describir, esto ocasiona la esperanza y convicción con la que salen a enfrentar el mundo.

La comunidad, este es un espacio privilegiado para crecer juntos en la experiencia de Jesús. Allí los Padres Efrén Santacruz, Francisco Hernández y Gerson Mora Gonzales acogen a todos los hermanos y hermanas que necesitan una palabra, un consejo una orientación, ellos reconocen, en los que acuden a este gran Corazón en Fuego a Jesús que súplica su comprensión, atención y AMOR.

En este Corazón en FUEGO, hace unos días tuvo lugar una misión liderada por tres jóvenes Eudistas: Manuel Paredes, Rodrigo Morales y Jader Ávila. Ellos trabajaron incansablemente (Hch 20, 20) por la Sanación de todos y cada uno de los corazones. Ellos se enfocaron en los sentimientos, pensamientos, voluntad, recuerdos, es decir, en todo el ser humano, por eso utilizaron la palabra Corazón. La forma de trabajo fue: acompañamiento espiritual, vida en comunidad, asambleas de oración con jóvenes y adultos. La obra de Dios es grande. Los corazones fueron encendidos y restaurados en amor a Dios. Todo esto gracias al Fuego que recibieron mediante la Palabra, Eucaristía y Vida comunitaria.