Con motivo del Jubileo de Oro de la Renovación Carismática Católica, corriente de gracia que el Padre Dios ha dado por medio de Jesús, en el cumplimiento de su Promesa, de enviar el Espíritu Santo, como en Pentecostés, para renovar a toda la Iglesia Católica, queremos hablar de la experiencia fundamental, que abrió los caudales de gracia para nuestra Iglesia en el siglo XX, en febrero de 1967, cuando profesores y estudiantes de Duquesne, vivieron la experiencia del Bautismo en el Espíritu Santo.

El Bautismo en el Espíritu Santo, que también ha sido denominado “un dejar actuar libremente al Espíritu Santo” o “una renovación del Espíritu Santo”, comúnmente se ha entendido esta acción como “una aceptación personal de las gracias de la iniciación cristiana, y un recibir fuerza para poder realizar el propio servicio personal en la Iglesia y en el mundo”.

Esta experiencia a la cual están invitados todos, consiste en generar una apertura decisiva a la persona del Espíritu Santo, a su dinamismo y a su poder. Es decir que cada uno de nosotros está llamado a disfrutar en la vida cotidiana, de todas las gracias que Dios por medio de su Espíritu nos da, la decisión está en dejar que esto suceda, rogando al Padre en el nombre de Jesús, que avive el regalo del bautismo sacramental, el don del Espíritu.

Muchas personas preguntan cómo poder vivir esta experiencia, no hay una fórmula mágica para esto, hay que tener la fe puesta en Dios, poseer el deseo ferviente que esto suceda, pero con la claridad que esto no es una cuestión de sentimentalismos o sensiblería, sino que es una absoluta gracia por la fe, así que a abrir el corazón, es decir, creyendo que Dios escucha tu oración y tu petición: Recibir el mejor regalo, el don del Espíritu Santo.

Esta efusión del Espíritu Santo se vive, casi siempre, al finalizar los Seminarios de Vida en el Espíritu Santo, que es el kerigma inicial, que se vive en la Renovación Carismática Católica, pero también puede vivirse en las reuniones de oración de los grupos y comunidades de la RCC, que buscan renovarse constantemente en su experiencia de intimidad con Dios, algo que caracteriza a los carismáticos es el deseo de hablar de Jesús y con Jesús, por eso debes procurar hacerlo constantemente, todo hace parte de la bendición que Dios Padre ha querido darnos en Jesús, su salvación.

Cuando se inicia en esta experiencia, o se tenga años de vivir en ella, lo grato es que el Espíritu Santo todo lo hace nuevo, nos muestra las maravillas que Dios hace por nosotros, nos revela su amor y nos enseña a amarlo con todo el corazón, a sanar nuestras vidas de todo lo que impide que esto suceda, se descubre tantas bondades del Señor que antes no percibíamos, pero ahora sí, vamos con toda, para renovar esta experiencia fundamental o para vivirla como si fuera la primera vez, anímate como en Pentecostés, déjate llenar por su Espíritu!