Un grupo de sobrevivientes judíos de la Segunda Guerra Mundial, están intentando retirarse entre ellos, algunos implantes de oro que les quedan en los dientes y con ellos elaborar un anillo para obsequiárselo a un Checoslovaco Católico, miembro del partido Nazi, en señal de agradecimiento: ¿…no tiene mucho sentido, verdad ???

Este extraño «caballero nazi», construyó un imperio como hojalatero, en un oscuro lugar conocido como «el gueto de Cracovia». Mientras recibía mano de obra barata (judíos esclavos) de sus copartidarios nazi, este hombre fue amasando una gran fortuna, que de alguna manera sirvió a los intereses del Tercer Reich.

Pero un día tuvo una revelación y al mirar los ojos de esos esclavos se vio a si mismo y entendió que aunque estaban en una situación miserable y desafortunada, eran vidas que valía la pena salvar.

Su plan fue simple: con la inmensa fortuna que tenía, comenzó a comprar uno a uno, a estos hombres, mujeres y niños, incluyéndolos en una lista (aspecto que utilizaron Spielberg y Hollywood, para hacer una película años después) y así sacarlos de Cracovia para evitarles un destino sin esperanza en el infierno de Auschwitz.

Toda su fortuna se «perdió» en esta empresa, pero ganó 1100 amigos. ¡¡Mil cien !! que puede no parecer mucho comparados con los 6 millones que asesinó Hitler. Pero si les dijera que de esos 1100 hay generaciones que suman casi 6000 personas en nuestra época, que 400 de ellos están en Polonia y que la mayoría vive en Cracovia hoy en día, la cifra ya no parece tan pequeña, ¿verdad?

A veces creemos que ayudar a una persona no marca la diferencia, si eso es verdad lo invito a releer el párrafo anterior. Oskar Schindler llegó a pensar igual que nosotros: «que no había diferencia», pero mientras se despedía de sus amigos judíos, llorando por pensar «que se podría haber hecho mucho más», esos 1100 corazones le abrazaron y le entregaron un anillo en oro macizo (de los dientes que mencioné al inicio), con una inscripción tomada del Talmud (de Jerusalén) donde decía: «AQUEL QUE SALVA UNA VIDA, SALVA AL MUNDO».

¡Esa Esperanza tu y yo la podemos obsequiar hoy!