Una vez que quedan llenos del Espíritu Santo en Pentecostés, los apóstoles van a recibir el Don de la tercera persona de la Santísima Trinidad, lo que va a cambiar sus vidas de una forma espectacular, este suceso les cambió todo el panorama de la fe, sobre todo, porque les permitió comprender el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, y a partir de ahí se vino para sus vidas un universo nuevo en la experiencia del Resucitado, comprendiendo que su misión estaba en anunciar la Buena Nueva que Jesús les había pedido en el momento de subir al Padre.

fuego-espiritu-santoEsta experiencia vivida por los apóstoles, les permitió abrirse a la acción poderosa del Espíritu Santo, lo cual produjo en su interior esa transformación interior que renovó profundamente su historia personal, tocando todas las áreas de su vida, la acción propia del Espíritu Santo es santificar, ayudar a ser santos, esto fue lo que hizo el Paráclito en los discípulos y apóstoles de Jesús, los santificó con su presencia y con su gracia.
El profeta Ezequiel había profetizado de esto: “Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ez 36,25-26), esto fue lo que les paso a los discípulos, Dios les cambió el corazón de piedra en un corazón sensible a su Presencia y a las realidades de los hermanos más necesitados, recordando el ejemplo de Jesús en su ministerio profético. Pero también los limpió de toda inmundicia, los purificó de sus pecados, de todo lo que no les dejaba ser auténticamente hijos del Dios Altísimo.

rt56En los apóstoles, el Espíritu Santo realizó una transformación novedosa, los hizo nuevas criaturas, los convirtió en hombres verdaderamente nuevos, con una mentalidad nueva, unos sentimientos nuevos y unas actitudes nuevas, acordes a las de Jesús, porque el Espíritu reproducía en ellos la imagen de Jesús, su mirada, sus palabras, sus demostraciones de amor y misericordia por la humanidad entera.
Al mismo tiempo los llenó de su poder y de su fuerza, de tal modo que pudieron hablar en lenguas nuevas, según las personas que los oían, así mismo el Espíritu les concedió poder proclamar las maravillas de Dios en sus vidas, y las maravillas para quienes lo aceptarán de corazón, contaban como Jesús había obrado en sus vidas y en las vidas de las personas que a su paso, le buscan con corazón sincero, como él los miraba, los tocaba, los sanaba y los perdonaba.
Por eso quien dice ser renovado debe estar abierto a vivir un Pentecostés continuo, a dejar que todo su ser integral sea lleno de la presencia del que nos hace santos como el Padre lo es, como Jesús lo es, para dar testimonio de Él en el mundo, con el poder de Dios y con esa gracia renovadora y santificante del Espíritu Santo.