Como parte de la Conferencia Virtual “The Ark and the Dove”, el Padre Douglas Pinheiro Lima realizó una enseñanza titulada “Adoración y Alabanza: Una liturgia viva en el cuerpo místico de Cristo”. El padre Douglas es Mestrando en Teología, sacerdote de la Diócesis de Osasco, en Brasil, y ejerce su ministerio en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en la ciudad de Jandira/SP. Es el responsable del Diálogo Ecuménico e Interreligioso en la diócesis. Padre Douglas es miembro del equipo de servicio de ENCRISTUS (una plataforma de comunión entre católicos y evangélicos) y de la Misión Somos Uno, en Río de Janeiro (grupo que promueve encuentros entre católicos y evangélicos).

El predicador habló del secreto de cómo llevar la unción a las reuniones de alabanza y adoración de los grupos y comunidades de la Renovación Católica Carismática; a continuación compartimos esta enseñanza:

Para el padre, consiste en mirar y contemplar la liturgia, pues en la misma, el Espíritu Santo lleva a toda la Iglesia al misterio de Cristo. Comprendemos el misterio de Cristo como toda su vida, su encarnación, ministerio, predicaciones, palabras, muerte, resurrección, ascensión y pentecostés. A nivel humano, todo este misterio de Cristo se pasa a la Iglesia por el poder del Espiritu Santo por medio de la liturgia.

En la liturgia, Jesús viene a nosotros por medio del Espíritu Santo, Jesús reúne a sus fieles, a su esposa y es el Cristo el que actúa, pues es el autor, el hacedor de todo, el protagonista, la Iglesia es solo la esposa, solo recibe, solo mira, que Cristo hace todo por ella. Estamos llenos de todo lo que recibimos de Él en la liturgia.

La asamblea carismática desea ser una extensión de la liturgia, consecuencia de la misma, un desbordamiento de lo recibido en la liturgia es que la asamblea va hacia Jesús por medio del Espíritu. La asamblea carismática desea ir con la misma fuerza del Espíritu santo y el Espíritu en la Iglesia desea traerlo, pues Cristo y la Iglesia son uno en el Espíritu Santo. En la liturgia, quien lo recibía todo era la iglesia pero en la asamblea carismática ahora hay dos destinatarios, Cristo que va a recibir nuestra alabanza y adoración y el mundo que va a recibir nuestro testimonio.

Todo lo que la Iglesia ha contemplado en el trono del cordero desea reproducirlo, lo que ha visto en el cielo, hacerlo en la tierra. Lo que ha mostrado Cristo en la liturgia se hará en la tierra. La multitud que exclama una gran voz, amén, aleluya, gloria, en adoración, como habla el libro de la Revelación 19, 4; hablar en voz alta no es prescindible, es parte de nuestra identidad pentecostal porque es por medio de esto que creamos una atmosfera que sea igual a aquella que está cerca del trono de Dios, parte de nuestra identidad, la alabanza debe ser audible como los truenos de los cielos y el crujido de las llamas que se pueden escuchar. La alabanza y la adoración deben ser la reproducción de la voz divina que ella misma ha escuchado, se asemeja al sonido de muchas aguas como aparece en Apocalipsis. Cantos que no se pueden aprender porque no tienen palabras, haciendo alusión a la oración en lenguas.

Las alabanzas son para nosotros, instrumentos para la lucha, la pelea, el combate espiritual porque nos recuerdan lo que Dios es porque se basa en los atributos de Dios; es santo, es amor, es verdad, es bondad, es camino, es vida, es unción. La alabanza es recordar con palabras y pensamientos las obras de Dios.

Los demonios son criaturas que desean ser lo que Dios es y también desean hacer lo que Dios hace. Nada más repulsivo para los demonios que el énfasis vocal dado por medio de la asamblea carismática. El ambiente de adoración reproduce la atmosfera celestial perdida por ellos y las palabras de alabanzas desenmascaran los hechos y actos mentirosos de los demonios, porque ellos pueden ser creativos pero sólo Dios es creador, ellos pueden tener fuerza pero sólo Dios tiene poder, pueden darle placer a los hombres, pero sólo Dios provee felicidad.

La alabanza y la adoración me hacen asimilar en el alma estos hechos de adoración porque estoy haciendo y elaborando aquello que digo, lo que mucho decimos, el corazón lo va asimilando, lo que odia el demonio por lo que se hace más enemigo y tentador.

La alabanza y la adoración son un instrumento de sanación y liberación; la liberación espiritual es causarle repulsión al demonio por encontrarnos en comunión con el Señor.
La manera de alabar coopera en la liberación emocional, la expresión espontanea de las asambleas y la vocalización de lenguas coopera para una función de liberación de sentimientos internos y bloqueos que pueden presentarse.

Estar en la atmosfera de alabanza nos hacer salir de nosotros mismos yendo hasta Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Salir de nosotros nos hace encontrar nuestras faltas, culpas, heridas. El Espíritu genera sanaciones físicas como una manera de testificar la satisfacción que Dios nos tiene al recibir la reverencia de su pueblo.

Es nuestra tarea ser testigos del fuego de Dios que conocemos alrededor del trono del cordero, crear atmosfera, hacerlo y decirlo con fuerza para que el mundo conozca al Señor.

Foto cortesía: The Ark and Dove