¡Oh Corazón del más tierno Maestro!
¿Cómo alabar tus grandezas?
¡Ay! ¿cómo reconocer
tus innumerables favores?
De este divino santuario
¿quién nos contará su atractivo?
¡Oh cielo, desvela a la tierra
el más dulce de tus secretos!

En tus atrios tan queridos,
el Dios Salvador cada día,
enseña a los justos y a los pecadores
la fuerza de su amor;
el Corazón de este Padre cariñoso
no ofrece sino paz y perdón.
¡Oh Cielo, enseña a la tierra
a bendecir a este Dios tan bondadoso!

Escondido en su santuario,
el Salvador nos repite
este oráculo saludable:
“Sed humildes y mansos de corazón”.
Sobre el altar como en el Calvario
no revela sino amor.
¡Oh Cielo, ven a ayudar a la tierra
a pagárselo en retorno!