Por estos días, los Padres Eudistas de El Minuto de Dios viviremos nuestro retiro espiritual, el cual nos ayudará, como dice san Juan Eudes, a continuar los diversos retiros de Jesús, a reparar las negligencias y faltas que hemos cometido durante el año contra el amor y la gloria de Jesús y María, y también contribuirá para que tomemos nuevos ánimos y nuevas fuerzas para disponernos a recibir gracias nuevas y caminar con más valentía por los caminos del divino amor.

Pero preparándome para vivir este retiro me he encontrado con un conocido texto de san Juan Eudes sobre el retiro anual que siempre me impacta:

“Miremos el retiro como un paraíso y el tiempo del retiro como un pedacito de eternidad y esforcémonos para hacer en este medio lo que se hace en el paraíso y en la eternidad, comenzando ya aquí la vida y los ejercicios que nos ocuparán eternamente en el cielo, esto es, contemplar, amar y glorificar a Dios como lo contemplan, lo aman y lo glorifican sin cesar en el cielo” (San Juan Eudes, Vida y Reino, III parte)

San Juan Eudes también asegura que esta práctica del retiro espiritual no es solamente para las religiosas y los religiosos sino para todos los cristianos. Además, si tenemos en cuenta que el retiro es como el paraíso, deberíamos hacer el esfuerzo, en primer lugar, de sacar el espacio para vivir un retiro espiritual en nuestra apretada agenda de cada día; y, en segundo lugar, vivirlo tan profundamente que lleguemos a contemplar, amar y glorificar a Dios con nuestra vida.

En efecto, a esto nos dedicaremos en el cielo: a contemplar, a amar y a glorificar a Dios. Y la contemplación, el amor y la glorificación de Dios no se hacen a través de fórmulas cerradas y encapsuladas: se hace desde la cotidianidad y la espontaneidad. Y en caso de recurrir a fórmulas preestablecidas lo hacemos porque allí encontramos grandes caminos para llegar a esta vida profundamente espiritual. Por eso dice el padre Raniero Cantalamessa:

«Nosotros conocemos sólo dos tipos fundamentales de oración: la oración litúrgica y la oración privada. La oración litúrgica es comunitaria, pero no es espontánea; la oración privada es espontánea pero no es comunitaria. Son necesarios momentos en los que se pueda orar espontáneamente, como dicte el Espíritu, pero compartiendo la propia oración con otros, poniendo en común los diversos dones y carismas y edificándose cada uno con el fervor del otro; poniendo en común las diversas “lenguas de fuego” de manera que formen una única llama. Es necesaria, en resumen, una oración que sea espontánea y comunitaria a la vez»: la oración carismática.

A esto nos dedicaremos cuando estemos en el cielo: a contemplar, a amar y a glorificar a Dios: ¿Ya estás preparado para hacerlo?