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Es claro que nadie está preparado para ser padre. De un momento a otro, los hijos irrumpen en la vida de algunos afortunados que, en la mayoría de los casos, los esperaban con gran alegría y expectativa. Y ni que hablar de aquellos padres apenas adolescentes que por un acto de irresponsabilidad o ignorancia, trajeron a este mundo antes de tiempo a los hijos; estos sí que se ven sorprendidos por las implicaciones que trae consigo la paternidad. Pero por más esperados que hayan sido los hijos, los padres no tienen a la mano un manual instrucciones eficaz que les muestre la mejor manera de criar a los hijos.

No, en la mayoría de los casos, los padres poco a poco van haciéndose cada vez más conscientes de la gran responsabilidad que ha caído sobre sus hombros. Y es que por supuesto, la tarea de educar, cuidar y criar a los hijos no es cualquier cosa que se pueda tomar con ligereza, o por lo menos ese es el ideal. El ser padres, no es un juego del que cualquier día pueden retirarse, o un trabajo del cual pueden pedir vacaciones o renunciar ¡No! Se trata de un gran compromiso que han adquirido con Dios y con la sociedad: Con Dios porque ha sido precisamente Él el que les ha encomendado la tarea de convertirse en muestra clara del amor divino en la vida de los hijos, y a Él le tendrán que rendir cuentas por todo lo bueno que hicieron o dejaron de hacer en la crianza de ellos.

Pero también han adquirido el compromiso con la sociedad de entregarle a ésta, unos auténticos ciudadanos que puedan convertirse en verdaderos agentes de cambio y progreso para el mundo en general, cosa que no sería posible sin una buena crianza, en donde se le inculque a los hijos los valores fundamentales y necesarios para saber vivir en comunidad.

A pesar de lo difícil que puede parecer, los padres deben tener la plena seguridad que no se encuentran solos en esta gran misión de criar y cuidar a sus hijos, sino que cuentan con la gracia y la ayuda de parte de aquel que es el Padre por excelencia, Dios mismo. Todo padre debería abandonarse en las manos de Dios y decirle a Él: “Señor enséñame a ser un buen padre, o una buena madre; enséñame a amar a mis hijos tal y como tus nos amas a todos nosotros. Que en todo momento, mis palabras, mis acciones, y mis gestos sean signos claros del amor que Tú también sientes por mis hijos. Te entrego a cada uno ellos: protégelos y bendícelos cada uno de sus días, y permíteles a ellos también experimentar tu santa presencia en sus vidas”.

Estoy seguro que poniendo todo el empeño de su parte, y pidiendo el auxilio de Dios para cumplir de la mejor manera esta tarea, los padres podrán estar seguros que harán un buen trabajo en la crianza de sus hijos.

Precisamente el poner de su parte, implica que los padres inculquen en sus hijos los valores necesarios que les permitirán convertirse en personas íntegras y que les permitirán enfrentar la vida de la mejor forma posible.

En atención a esto, el sacerdote Alberto Linero Gómez nos propone en esta ocasión, seis valores fundamentales que todo buen padre debe preocuparse por enseñar a sus hijos. Escuchemos esta predicación titulada “Seis valores para la crianza”, y pidámosle al buen Dios que acompañe siempre a todos los padres en el cumplimiento de su misión.