16 agosto, 2020

¡Alabando y venciendo

En la oración de alabanza elevamos nuestro espíritu, nuestras manos, voces y danza, conscientes del infinito amor de Dios Padre, “el Padre del cual proceden las cosas y por el cual somos nosotros” (1Co 8, 6). Abrimos nuestra mente y corazón a sus maravillas y Dios mismo va trocando nuestras cárceles en libertad y victoria como les sucedió a Pablo y a Silas que “hacia la media noche entonaban himnos a Dios; los presos les escuchaban y de repente se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos" (Hch 16, 25-26).

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