17 mayo, 2020

Lo bueno del ancla

La carta a los Hebreos (6,19) comparó con un ancla la esperanza de los cristianos que nos mantiene sólidamente fijados en la región invisible que sirve de morada a Jesucristo. En el mar de la vida puede arreciar el vendaval de las pasiones y el de las tribulaciones, pero si estamos anclados en Jesús no se quebrará la barca, ni iremos nunca a la deriva.

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Bienaventurados en el Espíritu

La vida del cristiano tiende a una progresiva transformación en Cristo. Esa es la meta, el ideal del cristianismo. Todo bautizado, inmerso en el agua viva que es el Espíritu Santo, debe un día poder exclamar, como lo hizo san Pablo: “Mi vivir es Cristo”, o también: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”.

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